JAVIER PUEBLA

                     

RUBÉN ABELLA,
VOZ PROPIA

 

Rubén Abella fue el último finalista del Premio Nadal; no el finalista de la última edición del Nadal, ganado por Pombo, sino el último autor que consiguió el premio al ganador moral y la posibilidad de ser publicado y publicitado con una novela en la que, en teoría, puede primar la calidad literaria sobre el rendimiento comercial. Quizá debido a la mencionada circunstancia la editorial Destino sigue publicando la obra de Abella, a diferencia de lo que ha hecho con la mayoría de los finalistas anteriores; pero sea por un motivo o por otro el lector de calidad, aquel que busca en el texto algo más que entretenimiento, debe felicitarse por esta circunstancia. Y afirmo lo anterior porque Abella, Rubén Abella, posee una voz personal, o propia. Baruc en el río es su más reciente novela publicada –por cierto el formato del libro, largo y estrecho, es precioso- y mientras la leía pensaba en Delibes, alguien que tenía una voz inconfundible, pero dudaba porque tal vez me dejaba engañar por la circunstancia de que ambos son autores pucelanos. En cualquier caso si me atrevo a opinar que la voz literaria de Rubén Abella arrastra en su cauce voces de otros muchos escritores, lo cual es natural si se tiene en cuenta que Abella es licenciado en filología inglesa y ha pasado su vida navegando universidades, desde Estados Unidos a la lejana Australia, pasando por Comillas (delegación Madrid); pero lo interesante, o a mí me lo parece como escritor, es la libertad con la que el autor utiliza las palabras, llevándolas más allá de su significado habitual e incluso modificándolo. El resultado, como ya he dicho o insinuado anteriormente, es un sonido nuevo, una voz propia.
Baruk en el río da la sensación de ser más un libro de memorias, algo que en realidad le ha sucedido a Rubén, que una novela; podría haberle telefoneado para preguntárselo antes de ponerme a teclear estas palabras, pero he preferido no hacerlo en pro de mi libertad como lector, primero anónimo y luego desvelado. Y creo que da igual que Baruk sea realmente el hermano de Rubén o esconda el nombre verdadero de su hermano, o sea tan solo un personaje de ficción; lo importante es que resulta verosímil, que su dolor nos duele y afecta, que la pequeña vida del narrador y la de quienes le rodean se torna importante a medida que avanzamos por sus páginas o navegamos por el río estrecho de las palabras llovidas de la imaginación o de la experiencia –“la memoria es una luz inconstante” (página 241)- de Abella.
Probablemente Baruc en el río no será una narración que escale hasta la mítica, deseada por tantos, lista de los libros más vendidos, pero aunque todo editor tiene derecho a soñar con grandes ventas, todo autor –por contraposición- tiene derecho a la aspiración de ser leído por una minoría selecta, pues más vale el tibio sí de un sabio que el aplauso enfebrecido de una multitud ignorante. Espero, por bien del equilibrio y de la supervivencia de la literatura, que Abella se quede en un justo término medio, que venda los suficientes libros y mantenga interesada a una selecta minoría.

Leyendo a Dickens, ilustración de Daniel Fénix, copyright.

 

 

 

 

 

 

 

 
 

 

 

 

Javier Puebla-La inutilidad de un beso. Segunda entrega de LA TRILOGIA DE EL TIGRE. Kafkiana, rara y -quizá- hasta genial.

Javier Puebla

Javier Puebla firmó la primera obra de mister Frederic Traum. Al parecer tiene amigos bastante poco recomendables

   
   
       
Carpe diem, visitante nº Que los hados guíen tus pasos