JAVIER PUEBLA

                     

Kazuo Ishiguro, cinco cuentos


 

Desde que me dedico, en cojones y alma, a la literatura y su estratosfera: la vida literaria, ya no leo igual. Demasiados amigos o editores -alguna vez coinciden ambas condiciones- me pasan obras para que hable o, más precisamente, escriba sobre ellas, y al final son más de las que puedo leer, y sobre todo son más de las que puedo disfrutar. He decidido cambiar esa situación. Excepto a Anagrama le he prohibido a todas las editoriales que me manden cuanto editan, aunque yo no tengo ningún empacho en tirar libros a la basura, y ya sólo me envían ejemplares cuando los pido de modo inequívoco y concreto. Aún así, y a pesar de la ineficacia de alguna mensajería cuyo nombre no merece la pena mencionar, siguen llegando demasiados libros a mi agradable despacho. Soy un hombre amable -no necesito ponerme guantes de seda para que el tacto de mis dedos sea suave- y cuando un joven autor, de cualquier edad, me pide que lo lea... yo lo leo. Pero sería estúpido descontentarme a mí mismo para siempre y sin remedio para contentar a otros durante un pequeño momento. Por lo tanto a partir de ahora volveré a visitar librerías, hablaré de libros por los que haya pagado o estaría dispuesto a pagar. Recuperaré el placer de leer. Por fortuna, la ingenuidad como lector no la he perdido nunca; tampoco la ingenuidad como persona a pesar de que ya llevo más de medio siglo bailando con dioses y diablos sobre la faz de la tierra.
Ishiguro, uno de mis autores favoritos antes de que me convirtiese en escritor profesional, me ha ayudado a dar el primer paso para recuperar al lector -pasional- que fui y quiero volver a ser. Ishiguro sólo escribe novelas; esta es la primera vez que se desmarca y se marca un libro de relatos. Un libro magnífico, como todos los suyos, titulado Nocturnos, y subtitulado : Cinco historias de música y crepúsculo. Lo he disfrutado muchísimo. No es tan brillante, tampoco lo esperaba, como Las sobras del día (The remains of the day), pero es Ishiguro, que escribe con la misma facilidad natural con la que bailaba Fred Astaire. Para quienes no lean cuentos diré que, en realidad, lo que ha escrito Kazuo -uso su nombre de pila para no repetir más su apellido (la manía tonta de los escritores de no machacar una misma palabra)- no son sólo cinco cuentos. Es una novela. Quizá los “remains” de una novela, las sobras de una novela que por algún motivo -que intuyo- no ha querido terminar como tal. En todos los capítulos o relatos subyace el conflicto moral de un hombre que se siente joven y quiere una nueva mujer, más joven que la que tiene, con él. A todos los creadores les sucede, y cuando les sucede producen una obra especial, diferente a las anteriores, y normalmente superior a las que vayan a venir después. Se puede constatar perfectamente en la obra de Georges Remi, que creó Tintín en el Tibet tras separarse de su legítima para mezclarse con su sueño de juventud. Si mi intuición es certera deseo suerte a Kazuo, y me atrevo a sugerir a sus lectores que buceen en estos Nocturnos con la inteligencia en guardia y relajado el corazón.

 

 

 

 

 

 

 
 

 

 

 

Javier Puebla-La inutilidad de un beso. Segunda entrega de LA TRILOGIA DE EL TIGRE. Kafkiana, rara y -quizá- hasta genial.

Javier Puebla

Javier Puebla firmó la primera obra de mister Frederic Traum. Al parecer tiene amigos bastante poco recomendables

   
   
       
Carpe diem, visitante nº Que los hados guíen tus pasos