DRAGÓ Y EL GATO
se publica como columna en diferentes versiones, por motivos de espacio y filosofía, en La Opinión de Murcia y Cambio16, y en esta web;
diciembre 2008.

DRAGÓ Y EL GATO

Es de noche. Pero siempre es de noche en el plató de Telemadrid donde se graba Las Noches Blancas. Incluso en un soleado día de verano a las dos de mediodía seguiría siendo de noche. Doble noche. Porque la muerte nos acompaña. Una muerte pequeña. Una muerte tigre. Una muerte gato. Una muerte Soseki. Soseki era el nombre del gato. Estamos convocados Gonzalo Torrente Malvido, Carlos Salem, Román Piña, Rafa Sarmentero, Luis Alberto de Cuenca, y yo. Las Noches Blancas; se emitirá en enero y Dragó ha estado a punto de suspender la grabación de su programa favorito (no hay más que ver como lo mima desde su web). Dragó llega el último. Llega triste y de luto y con el cerebro suspendido en Tranquimazim. Su gato ha muerto. Y algo de él ha muerto con el gato. Pero Dragó no se resigna. Es un guerrero. Un hombre de poder. Capaz de proezas o milagros. Está resucitando o intentando resucitar al gato Soseki. Su nombre se repite como un mantra a lo largo del programa. Ese mismo día ha publicado Mortal y tigre en El Mundo. No es simple casualidad que yo esté allí para defender a otro Tigre. Manjatan. Tigre Manjatan. Y no es casualidad porque yo también me creo capaz -de algún modo loco o mágico o paralelo a la realidad- de resucitar a los muertos. Dragó hace dos cosas, dos actos o pasos rituales para resucitar a Soseki. A Sosiego. En primer lugar no le deja irse. Repite su nombre ante miles y miles de oyentes entregados y así consigue que el espíritu del gato siga entre nosotros, pegado a la piel de la realidad. Es su magia maestra. El dominio en el que nadie podría osar desafiarlo: escribir sobre la piel de la realidad. Lleva una vida dibujando a un personaje sobre la piel de la realidad, a su personaje, a Dragó (mientras permanece tranquilo e invisible en la sombra, Fernando). Y ahora utiliza la magia con el gato.
Pero si ello no fuera suficiente Dragó vuelve a invocar a los dioses o al poder o a la magia y afirma que, según los egipcios, los espíritus vuelven a encarnarse a los 48 días. Que le avisen si alguien identifica o encuentra a su gato tigre. Su gato hijo. Su gato amigo. El gato ante quien podía ser a la vez Dragó y Fernando sin ser mirado con extrañeza; ante no debía actuar pero podía hacerlo, y en quien había depositado una parte de sí mismo. Como se deposita en un hijo, pero también en una casa, una joya, un coche o una camisa. El afecto y la energía pueden almacenarse de maneras muy variadas. Cuando acaba el programa veo en la calle a Naoko al volante del Jaguar oscuro que ya arranca con Dragó a su lado y Arancha detrás. El elegante vehículo parece una limusina egipcia y funeraria. Noto a Soseki, su espíritu, flotando dentro y fuera; alrededor y en la cabina. La magia continúa y yo no voy a ser tan mezquino como para no hacer cuanto pueda para ayudar a mi amigo Fernando. Así que me beso en la punta de los dedos y les lanzo mi afecto y lo mejor de mi energía a todos ellos. Naoko me sonríe. Dragó quizá ni siquiera me ve. Soseki maúlla desde el más allá hasta el más acá, y me quedo solo en la calle. Solo. Con Sosiego; y el corazón helado.

 

 

 

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