Sara Segundo tiene tres años y nueve meses, "casi cuatro", diría ella extendiendo exactamente cuatro dedos si le preguntásemos, y es que parace que Saruca, como la llaman en casa, tiene ganas de ser mayor. Aunque es delgada la cara de Sara , sigue siendo redonda como una torta, con una redondez que nos habla no solo de su corta edad sino de la herencia  paterna. De su madre ha heredado un precioso pelo claro, lo lleva corto y con flequillo.  Su color rubio dorado  hace que sus oscuras y pobladas cejas resulten aun mas extrañas. Alguien ha dicho que parecen, dos trazos  echos con un carboncillo sobre la blanca piel.Tiene una boca de un hermoso color, y con todo esto, no es ni guapa ni fea, pero aunque ella aún no es consciente, en su mente empieza a instalarse la horrible idea de que no es bonita.De Saruca su madre siempre dice "que se mueve más que el rabo de una lagartija". ¿y cómo no va a moverse? si quiere saberlo todo, verlo todo y olerlo y sentirlo todo!!Pero claro, pasa lo que pasa! y  como resultado de esa curiosidad, sus rodillas y otras partes de su cuerpo, estan siempre llenas de magulladuras y arañazos. Aunque algunos de esas heridas son fruto de su empeño en seguir a su hermano mayor, Alfredo, allá donde quiera que vaya.

En un estreno. Bien pensado, y no había caído hasta ahora mismo, la manera más lógica de conocer a una actriz es un estreno. Así conocí yo a Cuca, en un estreno. Tuvo la deferencia de dejarme su dirección de email y a partir de aquel día cada noche, o cada mañana, le llegaba a su ordenador un cuento firmado por mí, pues por aquella época yo era El Cazador de Cuentos. Tardé dos años en volver a verla. Y un día más en darme cuenta que quien tan amablemente me había brindado su correo electrónico para recibir mis cuentecitos era nada más y nada menos que Cuca Escribano, la protagonista de una película titulada Poniente. Después de aquel trabajo y fuera cual fuera el derrotero que tomase su vida ya podía morirse tranquila.
Es para mí un privilegio que los primeros cuentos que Cuca Escribano escribe, o al menos ofrece al mundo, hayan sido creados en este barco-taller en el que pretendemos la alquímica aventura de dar vida a seres que, hasta ahora, no existían. Pero ahora sí. Ahora existen. Sara Agudo existe. Pasen y lean.

(Esta página oculta un juego, un modo de "saber algo más" acerca de Sara Agudo. El truco está en saber pasear de la mano del cursor).


 
   

INFANCIA


SOMBRA BLANCA


Mientras él se alejaba, el recuerdo le vino a la cabeza
Se llamaba Nicolás. Era un pato de una inteligencia absoluta, en la casa tenían muchos patos pero Nicolás era único. En una ocasión uno de los perros le había mordido en el buche. Sara lo encontró despues de dos dias y lo llevó a casa, cuando su madre abrió la herida, estaba lllena de gusanos, pero lo curaron. Agua y sal por la mañana, agua y sal por la noche, agua y sal a medio dia y así hasta cicatrizar.
Nicolás se acostumbró a sus manos, a dormir bajo su cama y a seguir todos sus pasos y ella amó aquella pequeña sombra blanca los dos años que vivió.
un dia el mismo perro que le habia mordido una vez, consiguió hacerlo de nuevo, en aquella ocasión Sara estaba allí, y no pudo libralo, aunque partió el palo de una escoba en el lomo del perro, este no soltó a Nicolás. Ella no pudo hacer nada. Se sintió pequeña, y desolada, contemplando como su adorado Nicolas iba perdiendo la vida. Los últimos graznidos que dió con el pico muy abierto fueron sordos, y angustiosos, y Sara los entendió como tantas veces
Haz algo Sara haz algo que me mata
y Sara seguía descargando golpes sobre el lomo de aquella bestia impasible
En el último momento Nicolas enderezó su cuello, y miró a Sara con sus ojillos negros llenos de espanto, despues se calló, dejo de pèdir auxilio y su cuerpo se volvió blando como un trapo a merced de las sacudidas del perro.
Ahora Sara se sentía igual de impotente, sentía la misma rabia.
El se iba y ella no podía hacer nada. Volvía a ser aquella niña desolada y hubiera deseado tener, al menos, una escoba en sus manos para poder partirsela a alguien sobre el lomo

LA SUPERVIVIENTE

Siempre había querido ir al colegio, y ahora que por fin estaba alli no se iba a rendir al primer contratiempo. El primer contratiempo se apellidaba Tagua. Era su compañero de pupitre. Un niño de un color blanco asqueroso, sin cejas ni pestañas. Un niño que olía, olía como a mantequilla rancia. Alguna vez Sara llegó a pensar que si Tagua se cortara de la herida brotaria leche en vez de sangre.
Nadie le habia repugnado hasta entonces, pero ese primer dia de colegio conocio eso, el asco.
El asco es una cosa que se te agarra en el estomago, en la garganta y te axfisia.
Decidió no decirselo a su profesora ni a su madre, despues de tanta insistencia en ir al colegio no queria drefraudar a nadie.
Quiza, si lo hubiera dicho, todo habria sido mas facil, la habrian cambiado de pupitre, pero ella era la menor de cuatro hermanos, una superviviente, podía soportarlo todo, incluso quedarse alli, cercana a la naúsea.
Se tragó su asco y cada mañana durante nueve meses se sentó en aquel pupitre, con su brazo derecho rozando inevitablemente el brazo izquierdo de él, convencida de que aquél sacrificio diario la haría más fuerte, más mayor.

Ahora de nuevo estan unidos por sus brazos, ella no puede mirarlo pero reconoce su olor axfisiante, es como una broma de la vida que treinta años después él le esté dando su sangrelechosa. De nuevo el asco...

Quizá aún está a tiempo de pedir que la cambien de pupitre. Nota que no puede moverse pero puede gritar:
- Señorita May!! Cambiame de pupitre, me repugna este niño,
Ha gritado con todas sus fuerzas, y alguien ha puesto una mano en su frente
- tranquilicese señora, va todo bien, estaremos en el hospital en menos de veinte minutos, voy a ponerle un calmante.
Pero que dice esta estúpida? piensa que deliro?
- quiteme a este niño mantecoso de mi lado, no ve que voy a vomitar?
Y entonces, nota el vomito caliente subiendo desde su estomago y lo deja salir.
Sara está decidida. Esa misma tarde en cuanto llegue a casa se lo va a contar todo a su madre

- Mamá, - le dirá- hoy he vomitado en el colegio por que mi compañero de pupitre me da mucho asco.

Y su madre lo arreglará todo y ella se dormirá, como ahora, sabiendo que mañana todo irá bien.
todo irá bien, mañana, verdad mamá? mañana...mamá...mañana...mamá...mamá...mamá..

Un sueño lacteo se apodera de Sara.

 

 

UN CERCO DE POLVO

U n cerco de polvo, eso es lo único que queda sobre la repisa.
Allí donde siempre estuvo, solo queda una marca rectangular.
Sara, petrificada ante el desolador espectáculo, trata de comprender,
¿Que ha pasado?, ¿dónde está?
La voz de su hermano, suena burlona tras ella
-te lo dije-
Es cierto, Alfredo la había advertido de su venganza , dos días atrás, cuando ella rompió los huevos de la paloma colipava. Pero entonces no lo creyó capaz, aquello era demasiado cruel. Dos huevos son mucho menos que un cofre, ¡que su cofre mágico!
-te lo dije- repite Alfredo
Entones, ella se gira y se encuentra con los ojos gatunos de su
hermano. Se sostienen la mirada unos segundos, miden sus fuerzas. El está excitado, mientras espera el estallido de cólera de su hermana.
Sara siente el impulso de pegarle pero en el ultimo instante se
contiene, sabe que seria inútil, pero sobre todo sabe que es
lo que Alfredo espera. Y no, no le dará ese gusto.
-Aguanta-, se dice, -aguanta Sara-.
tras unos segundos la rabia va cediendo, lo suficiente para no llorar y salir dignamente ante los ojitos amarillos, diminutos de tanta risa, de Alfredo.
Lo oye reír mientras camina, como si nada, por el pasillo, ahora mas deprisa, atraviesa la cocina, Y ya en la calle, libre de la risa y sobre todo de la mirada de Alfredo, al fin puede correr.
Sara corre Corre hasta su árbol, mientras hace recuento de la perdida. Estaban las postales de la abuela, la oreja de toro disecada, las semillas y la pluma de pavo real, y por si fuera poco el cofre en si, su cofre mágico con su cajoncito secreto.
Imaginó todo aquel tesoro en manos de Alfredo. Hubiera preferido comer lentejas para desayunar toda la vida.
Su árbol, su cuartel general. Al fin puede llorar y patalear su ira a salvo de
todas las miradas.
Una venganza, necesita una venganza, una enorme.
Ira al palomar y acabara con todos los huevos.
Si, eso haría.
Se secó las lagrimas y lo hizo, fue al palomar, y apisonó todos los huevos con los zapatos gorila, y se murió de placer imaginando la rabia de su hermano, cuando encontrara aquella tortillita.
Había comenzado la batalla de amor y odio, entre Alfredo y
Sara. Aquello no fue mas que un asalto, una escaramuza, el prólogo de una gran guerra que duraría toda la vida.

 

UN HILO DE SANGRE

Durante un rato nadie la había buscado. Estarían demasiado ocupados curando a Alfredo. Ella que nunca salía victoriosa en la batalla diaria con su hermano, esta vez había ganado...o perdido, no sabía , no estaba segura de nada. Lo único que sí sabía era, que la piedra le había acertado de pleno en la cabeza, que el había quedado tumbado en el suelo los ojos cerrados, y un hilito de sangre apareciendo entre sus flequillo.
No recordaba nada más, no recordaba nada más, sólo que había sentido un impulso irrefrenable de correr.
Había corrido sobre la tierra recién arada, tropezándose con los terrones, cayéndose una y otra vez, luego había atravesado el olivar corriendo también. Un olivo, otro, otro, todos iguales los iba dejando atrás. Siempre corriendo. Cuando ya no pudo tirar de sus botas llenas de barro, ni de la culpa que le mordía el corazón, se acurrucó en el hueco de un olivo seco, sin saber que hacer.
La tarde iba cayendo, y el cielo plomizo que amenazaba lluvia parecía cada vez más bajo, cómo si pudiera llegar a aplastarla. Estaba perdida, paralizada y asustada, intentaba recordar lo que había pasado, pero sólo recordaba la cara de Alfredo, con su hilillo de sangre.
En la lejanía sonó la voz de su madre
Saara... Sara!
Y luego la de su padre
Saara, Sara
Y luego la de sus hermanos.
Todos gritaban, todos la buscaban. Los gritos llegaban de todos sitios, se acercaban y se alejaban.
Sara no se movía, pensó en la posibilidad de quedarse allí para siempre, agazapada bajo el olivo. Perdida

Anochecía , y el campo se llenaba de sonidos extraños.
Entonces Sara la oyó, era la voz de Alfredo que también la llamaba,
Sara... Sarita, me han dado dos puntos ven a verlos
Sara saco la cabeza de su escondrijo, para oír mejor
Para distinguir entre todas la voz de Alfredo
Y entonces, al oirla, le invadió una sensación de paz, y un calor que subía cómo de la tierra y se fue quedando dormida.
Sabía que todo estaba bien , que Alfredo la encontraría. Aún les quedaban muchas batallas por librar.

El patio de los Fernández

A Sara le encanta el dinero.

Le gustan los billetes, y las monedas, sobre todo las monedas.
Las acumula en un bote alto de cristal, que cada vez está mas lleno.
A veces lo voltea arriba y abajo, Y las monedas se revuelven dentro con gran estruendo A veces abre la tapa y las deja libres sobre la cama, y comprueba que sus preferidas siguen allí, la de la manchita verde y la otra, la del agujerito, la extranjera y la negruzca.

Conseguir monedas es un juego para Sara. Basta con ir al patio de sus tíos los Fernández. Allí ,brotan monedas de todas las plantas . Es difícil encontrarlas, no siempre están en la tierra, a veces nacen altísimas, en la palmera o en las ultimas ramas del jazmín, o se esconden entre la hiedra...pero Sara es una experta recolectora, y sus tíos la van guiando
-frío, frío-,si se aleja de la planta que hoy ha sido generosa
-caliente, caliente-, si el dinerito anda cerca.
-Ay, ay! que se quema Sara , que se achicharra-
Y Sara, salta y grita sin poder contener la emoción porque ha descubierto la moneda. Pero si está muy alta se desespera, zarandea las planta para que caiga o le implora a su tío que la alce en brazos para alcanzarla. Esta es la parte que a todos les divierte mas , Sara despliega su ingenio de ratona, y se sube a una silla , busca el palo de una escoba , tira piedras... Inventa de todo para obtener la moneda. Siempre la consigue.

Así que el bote termina llenándose.
- Ahora hay que gastar el dinero-
Sara no entiende porqué. Pero su madre, lo tiene clarísimo, irán a la tienda y comprarán una cosa para ella y una para cada hermano....
En la tienda Sara contempla los estúpidos juguetes sin saber que elegir...Nada es tan precioso como su colección de monedas.
Con una bolsa llena de juguetes inútiles en una mano y su bote vacío en la otra regresó Sara a casa pensando que era mas fácil y divertido juntar dinero que gastarlo. Sin embargo contemplar el tarro vacío, le dio una gran idea, ¡podía empezar otra vez su colección!

Al día siguiente, bote en mano, fue otra vez al patio de los Fernández Y quizá entonces, germinó su extraña tesis económica, de que para tener dinero hay que “hacer hueco” gastando el que ya se tiene.

 

AUTO DE REYES MAGOS

Mamá puso el grito en el cielo
Y a Sara se le quebró su ilusión cómo una cajita de música arrojada desde un tercer piso
Se lo susurraron aquella mañana en el colegio, y ella lo dijo en casa :
--Ya no creo , no son verdad-
Se armó una tragedia. Una autética tragedia. Nadie había contado con que la benjamina lo descubriera tan pronto
La de Sara ya estaba pulverizada, pero ahora, qué hacían con la ilusión de la abuela?
La propia Sara con su asombrosa capacidad de dar la vuelta a las cosas dio la solución.
-Mamá si quereis puedo volver a creer?-
-De verdad cariño, harias eso por tu abuela?-
Si y mientras pronunciaba ese sí, empezó a olvidar eso que le habian susurrado por la mañana.
El día de reyes magos, la familia Segundo asistió, asombrada, a la gran actuación de Sara. Mientras abría los regalos no hubo un “ohhh“, ni un “ahhh“, que no superara al anterior, y el cresccendo fue tal, que la abuela casi llora contemplando la apertura del ultimo paquete traido desde oriente en un camello volador. Por supuesto!
Mas tarde mama encontró a sara, la comediante, perdida en un mundo de fantasía, con olor a muñeco nuevo y guiñandole un ojo le susurró,
-Que bien lo has hecho ratona-,
-El que mamá?-
Su madre sonrió sintiéndose cómplice, e insistió
Lo de esta mañana, lo de los reyes
Sara la miraba sin comprender

Por que aquello no había sido una actuación , sino un juego. Y en los juegos las cosas son siempre verdad, verdad como Los Reyes Magos, verdad como todas las mentiras . Verdad de la buena, siempre que uno quiera seguir jugando.

Caperucita y el viento

Mamá le había regalado una capa de caperucita roja y obligó a Alfredo y a Chico a jugar con ella.
El olivar era hoy un lugar peligroso. En él acechaban dos lobos. Uno, su hermano Alfredo, perverso, y el otro, Chico, directamente el demonio. Pero Sara llevaba un arma secreta en la cestita, una caca de perro envuelta en papel de plata.

tralaralarita, voy con mi cestita.
Sara hace como que camina despreocupada, pero en realidad sus ojos van atentos para descubrir al lobo agazapado tras un árbol.
lalaralarita, llevo cosas muy ricas,
que hará si le atacan los dos a la vez?
tralaralarita a casa de mi abuelita
canturrea bajito para así poder oír a los lobos.
Nada, no se oye una mosca, solo el viento en los árboles y la canción de caperucita, cantada cada vez más alto.
tralaralarita, doy otra vueltecita
Nada. Ni rastro de las fieras. Una certeza le pellizca el corazón. Está sóla.
Aquella tarde no aullaron los lobos en el olivar, y la canción de caperucita se fue extinguiendo
Aquella tarde caperucita perdió. Llego sana y salva a casa de la abuelita, pero descubrió que aquel juego sin un buen lobo al acecho era eso, una caca de perro bien gorda, como la que ella aun tenía en su cestita.


 

ADOLESCENCIA

 


De color azulón

Era de color azulón, de loneta, con bolsillos laterales. Muy práctico, según mamá, divino según Sara
Se lo colgó al hombro, y se obró el milagro; Se sintió una mujer. No lo era , pero aquel primer bolso de su vida con el que mañana iría a clase, tenía el poder de hacerle sentir así, como si fuera Farra Facet Mayor.
Al día siguiente Sara Facet Major y el bolso azulón entraron en el aula.
Pero que había pasado? De donde habian salido aquellos renacuajos con sombra en el bigote, que aún jugaban con los madelman?
Mientras colgaba el bolso en su silla miró por la ventana, hacia el patio donde los chicos de C.o.u, con sus barbas afeitadas, jugaban al futbol. Ellos si que estaban a la altura de una mujer con bolso de loneta ¡azulón!

FALDITA ESCOCESA

Un falda escocesa ! Se había puesto una falda escocesa. Aquello era la gota que colmaba el vaso.
A Sara se le apretó el gesto cuando la vió llegar, sus negras cejas se arquearon y una arruguita vertical pintó el enfado en su cara de niña. Pero cómo tenia la osadía de presentarse con aquella horrible faldita escocesa, y los calcetines a media pierna, no había dejado Sara bien claro que para el viaje a Madrid todas irian en Vaqueros?
Ya no había duda. Tenia que echarla del equipo ¿a quien? A quien iba a ser ? A La Cochino, La BigPig, La Bueyrónica, La Vacarónica, la Michelin, tenian mil nombres para llamar a Verónica López y 99 eran idea de Sara.

En honor a la verdad hay que decir que La Bueyronica López no jugaba mal, pero era tan gorda...cada una de sus tetas eran mas grandes que el propio balón. Era tan fea....con aquellas enormes gafas de concha sujetas por una gomilla...y los orificios de la nariz , de por si. enormes, se dilataban a mitad del partido y su respiración sonaba como la de un animal... era muy fácil reirse de ella!
Y sara que dentro de aquel cuerpecillo de mujer incipiente seguia siendo una niña se tomó lo de la falda escocesa como una afrenta personal, como un desafío como una declaración de guerra, y en eso ella no tenía medida, siempre llegaba hasta el final.
La ocasión la tuvo aquella misma noche, en Madrid, en el hotel regina, la bueyica las invitó a ver su habitación, como era la única individual, -¡a la pobre siempre la dejaban sóla!-, le habian dado una con balcón sobre la calle Alcalá, y ella tan generosa abrió su balcon para que todas se asomaran. A Sara le bastó una decima de segundo para pensar y ejecutar su venganza. En un abrir y cerrar de ojos, cerro por dentro aquel balcon .
Afuera en la fresca noche de abril se quedó Big Pig, con su camison celeste y sin sus gafas, avergonzada y sin atreverse a gritar, asustada pensando hasta cuando la dejarian Sarita y sus secuaces, en aquel balconcito del septimo piso del hotel regina.
La Bueyca no volvió a desafiar a la pequeña Sarita, y la falda escocesa quedó desterrada de su armario.


inexplicablemente

Sara, dijo que tenía un caballo volador
Ella contestó que conocía un árbol que hablaba.
Se gustaron. Desde el primer día.
Todavía hoy se gustan.

Inexplicablemente

Sara dejó la puerta del jardín abierta, aquella niña
entró, y se quedó allí para siempre

inexplicablemente
Sara inventó un mundo lleno de rendijas, un día aquella niña se coló por una de ellas y se quedó a inventar con Sara. Todavía inventan juntas.

inexplicablemente
Sara dibujaba árboles en su jardín imaginario
Un día aquella niña menuda llegó y se puso a dibujar con ella
Han pasado muchos años.
Hoy el jardín es un paraíso que han pintado entre las dos.

inexplicablemente
Sara cansada de estar sola, dibujó una puerta en su jardín,
Aquella niña descarada entró (y se puso a dibujar flores con ella,)
Hoy el jardín de Sara es un rincón misterioso que han pintado entre las dos.

Inexplicablemente

Se han querido desde el primer día, inexplicablemente.




 

Con veinte soñadores por banda, no corta el mar sino vuela, un velero bergantín, bajel pirata al que llaman, por su bravura, El Temido... si quieres más busca a Espronceda, baby Los Relatos de LA TRIPULACIÓN

 

Hay muchos cuentos buenos entre las aventuras de Sara Agudo. A mí me gustan especialmente Sombra Blanca (título magistral), Un hilo de sangre y Auto de Reyes Magos.