Cecilia Denis lo anticipa ya todo con su nombre, tan literario. Ha sido la últimísima, cuando sólo faltaban dos meses de travesía, en incorporarse al Barco Taller 3 Estaciones. Asegura que jamás antes había escrito cuentos..., nadie lo pensaría dada la calidad de los mismos. Su personaje se llama Enma..., y algo flauvertiano hay en ella. Disfrutad con sus relatos.

LA INFANCIA DE EMMA

Le solían contar a Emma que ella había llegado de “sorpresa”. Después de varios hijos, sus padres habían decidido cortar “el grifo”. Pero mira por dónde, un mes descubrieron que había “regalito” en el prolífico vientre de su madre, cada vez más curvo, cada vez más redondeado.
Fue un bebé grande, más de cuatro kilos, y, según su madre, en el mismo momento de verla tuvo la certeza de que esa hija iba a ser la que no la defraudaría, la que cumpliría ese destino que le había sido escamoteado… iba a ser su venganza con el mundo… era tan linda!!!
La madre contaba que las enfermeras venían ex profeso sólo para verla… con sus ricitos, su naricita, sus grandes ojos claros…..
El padre también se enamoró de Emma. Él, que no había hecho casi caso a sus otros hijos, vivía pendiente de su “bomboncito”…
Cualquiera podía pensar que, con todo ese amor derramado sobre su persona, Emma sería una niña insoportable, histérica, caprichosa. Pues no, era alegre, tranquila, todo le gustaba, con todo se conformaba… Nunca le habían pegado, pero es que pegarle, como luego contaba Emma, hubiera sido de sádicos.
Era la niña más niña que nunca habían conocido, le gustaba jugar con sus muñecas, con su cocinita, haciendo que tomaba el té con amigas que se inventaba, jugando a disfrazarse de princesa, de marquesa, de mamá, de enfermera…
Su padre le había hecho una casita de madera. Un pequeño chalecito con diferentes habitaciones, con puertas, con ventanas. Fueron juntos a comprar los muebles de la casa: la mesa del comedor, las sillas, la cama y las mesillas… Mientras jugaba con la casita, hablando sola, como si hubiera diferentes personajes, su padre la miraba extasiado… Por eso Emma no entendía por qué se había puesto a chillar de ese modo: Pero Emma, qué hiciste? qué les hiciste a las moscas? ¿Por qué les arrancaste las alas?
Es que no se quedaban en la casita, papá, se iban volando, pero mira, ya no les duele, les puse azúcar en la mesita, están contentas, papá, no te enfades conmigo

 

 

PLENITUD DE ENMA

No sé cómo empezó esa locura

No sé cómo empezó esa locura. Me acuerdo que había terminado, por fin, la relación con Antonio y me sentía tan sola! Una amiga me alentó a entrar en ese Chat. Y cómo me llamo? Lily, me sugirió, por la Marlen… me gustó, pero no por la Marlen sino por la insegura Lily de Esplendor en la Hierba con la que siempre me había identificado. Y así fui matando las horas, y lograba no pensar en nada, incluso me divertía, especialmente cuando te descubrí a ti, mi querido Juan.
Eras el "rey" de ese chat. Tan misterioso, tan seductor... Me encantaba el juego que te traías, cada día con un nick diferente, siempre ocurrente, planteando alguna historia, representando un personaje a la perfección, hasta que me dabas alguna pista para que te pillara... Qué humor inteligente el tuyo!
Por fin un día a las dos de la mañana...
nos tendremos que conocer alguna vez,
cuándo?, hoy?
pues sí, hoy mismo,
pues si es hoy, me tendrás que venir a buscar a la puerta de casa,
bueno, allí estaré
en media hora?
sí, en media hora....
Y así fue de fácil, en media hora estabas allí, en tu coche destartalado, con tu mirada penetrante, con tus gestos de caballero antiguo.... Te vi por la ventana y bajé con el corazón en la boca o en el estómago, en cualquier lado menos en su sitio.
Me subí a tu coche y nos fuimos, me acuerdo, al Parque del Oeste. No te imaginaba así, me dijiste, tan guapa, y me miraste entornando los ojos. Ya vi que estaba perdida, una más atrapada en tu tela de araña...
En el Parque del Oeste las putas travestidas o travestidos putas armaban escándalo, era verano, no podíamos dejar de mirarnos en silencio con una respiración contenida que hablaba del deseo.
Entonces me preguntaste, sabes que hoy se ve claramente marte desde la tierra?
sí?
lo quieres ver?
bueno
vale, vamos
y así nos fuimos al monte, a lo más oscuro, para ver las estrellas...
nos bajamos al llegar, cuál es marte?
ni puta idea, me dijiste, mientras me cogías en tus brazos y me comías la boca con esa desesperación tan tuya que me duele recordar.

Desde ese día te cambiaste el nick, ahora eras ZonaOscura y yo estaba orgullosa porque lo sentía un homenaje. Cada día era espectadora de tus nuevas conquistas. Joder, qué tenías que todas estábamos desesperadamente dependientes de ti, de que nos hicieras caso, mendigando un poco de tu atención... Me enfadaba, no me verás más
pero Lily,
si tú eres mi "amiga especial"
Cuántas amigas especiales habría...
Te invité a cenar, no pensaba que aceptarías, cuando me dijiste que sí soñé, volé…, no podía creerlo...
ponte un vestido rojo,
lo que quieras amor,
sólo un vestido rojo,
Y salí corriendo, a por el vestido rojo, mantel, jarras para el agua.... yo qué sé....
A ratos me asaltaba una duda, vendrá o no? no la tenía todas conmigo, algo tan maravilloso no podría suceder, seguro que no...
A las 21 y 30 en punto tocabas la puerta, te abrí con mi vestido rojo de tirantes, seguía ese verano tórrido....
puse la mesa,
tienes candelabros, velas?
sí, en ese armario
me gustan así, blancas,
Y encendiste tres velas en medio de la mesa.
Serví la comida y puse un disco de María Bethania
Oh Meu amor ten un jeito manso que é so seu (tiene un estilo "manso" que es sólo suyo)
y me deja loca
cuando me besa la boca
mi piel queda toda (fica toda "arrepiada") caray cómo traduzco ésto?
y me besa con calma y hasta mi alma se siente besada......
Oh mi amor....
Y mientras sonaba esa música, yo iba traduciéndole la letra y comiendo con las manos un muslo de pollo... Empecé a notar el erotismo de la situación, y me imaginaba a mí misma con la mirada encendida, los labios brillantes de la grasa del pollo, mordiendo la carne... mientras le iba diciendo lo que decía la canción:

....yo soy su chica, vió, el es mi chico (sua menina ele e meu rapaiz)....
disfruta de mi cuerpo como si mi cuerpo fuera su casa..... (fora a sua casa).

El me miraba con sus ojos de alucinado,
cómo eres...
por qué eres así,
cómo es que eres así....

No comió casi nada, quiso bailar, quiso poseerme al instante, siempre con ese aire desolado, de niño abandonado, insaciable eternamente insatisfecho.
Volvió al día siguiente, y eso fue demasiado para él, no logré que volviera nunca más a casa.....

Ah! Me olvidaba, me mandó una canción de regalo: Lady in Red....

Ya no volví a hablar con Juan, pero luego aparecieron Txabi, Fran, Joaquín, Pablo y un largo etcétera… que no recuerdo bien (cómo se llamaba el asturiano?). No podía parar, aunque quizás ya no quería parar…. para no asomarme al vacío, para no quedarme cara a cara con el espanto.

 

ENFERMA

No podía seguir así, sin dormir, con esa obsesión que me dominaba, las noches en vela, tan extrañas, con la cabeza como un tambor, bum, bum, bum, con los dedos en el teclado o en el ratón, buscando no se sabe qué cosas que nunca estaban allí o estaban de la manera equivocada.
Esa noche estaba decidida: no iba a encender el ordenador…. pasé displicentemente por su lado como diciendo, te veo pero no te hago caso.
Fui a la cocina a prepararme algo decente de cena, no esos bocadillos rápidos que comía mientras tecleaba.
Cuando estaba buscando algo medianamente comestible oí un ruido en la habitación a la que yo, eufemísticamente, denominaba “mi despacho”. ¿Serían los gatos haciendo de las suyas?
Me acerqué lentamente, de puntillas, para pillarlos in fraganti y darles un buen susto, cuando me di cuenta que me miraban fijamente cada uno en su camita. Evidentemente ellos no eran.
Caminé entonces, taconeando fuerte por el largo pasillo para demostrarme a mi misma que no tenía ni pizca de miedo.
Al entrar vi que el ordenador temblaba, vibraba, hacía algo así como…. no sé cómo explicarlo, como si tuviese una tiritona ... Podo a poco se iban oyendo sonidos de voces, unas finas, femeninas, otras graves, unas de niños, de hombres, de seres que desde allí me reclamaban, me llamaban, tiraban de mi de una forma irresistible…..
Juro que lo ví y cuando el terror me dejó moverme corrí a buscar el libro de la mutua y en el libro la P de Psiquiatra……

El Psiquiatra escuchó mi historia callado, mirando muy fijamente. Finalmente dijo algo así como brote esquizo paranoide, producto de no sé qué problemas químicos del cerebro que quizás habían sido acelerados por el brillo de la pantalla del ordenador… Será genético?
Es posible, antecedentes familiares?
Sí, mi padre, tuvo un brote cuando se jubiló,
no se sentía útil y comenzó a decir que lo venían a buscar unas personas,
y no había nadie allí afuera,
se intentó suicidar varias veces,
comiendo insecticida,
cortándose el cuello con una gillette,
pero todo delante nuestro,
suicidios histéricos dijo el psiquiatra,
quiere decir que no quería matarse, sólo llamar la atención,
pero a veces se matan sin querer,
mejor ingresarlo….

Y así se lo llevaron al pobre viejo…..

¿Tendré yo lo mismo doctor?
Bueno, lo suyo parece más controlado.
en cualquier caso, se toma estas pastillas…
pero no me dormirán doctor?
es posible, pero hay que cortar las alucinaciones,
después puede venir el autismo y no hay que correr riesgos…

Pero qué carajo, no me tomé nada, volví a mi casa y a mi vida y así sigo, a veces chateo, y cuando no lo hago, por el rabillo del ojo entreveo cosas raras en el ordenador, pero cuando lo encaro para, y ya no le hago caso. De aquí voy a salir como sea. Pastillitas a mi.

 

PODRÍA MATARTE ESTA NOCHE…..


Emma era una mujer rotunda como su abuela, Emma. En realidad no la había conocido, sólo había una foto borrosa que mostraba a una anciana, bajita y regordeta, con un moño, partiéndose de risa. Según la historia familiar, Emma era una mujer con un fuerte carácter, aunque muy divertida, con mucho carisma, que nucleaba alrededor suyo a toda la familia, que nunca fue la misma cuando ella murió prematuramente. Poco más sabía Emma de su abuela, pero se sentía orgullosa de parecerse a ella. Cada vez que tenía un golpe de mal genio (frecuentes en la adolescencia, sobre todo) se comentaba: “igual a su abuela”. Lo que no se sabe es si Emma tenía ese genio para responder a la novela familiar o si era fruto de la casualidad, de la genética o de la mala leche acumulada por generaciones de inmigrantes de distintas procedencias que se unían en ese “recipiente” que era Emma.

Qué coraje le daba cuando alguien decía que los hombres tenían “más necesidades sexuales” que las mujeres. Había que verla, los ojos encendidos, los brazos en jarra. Es que Emma era promiscua. Algunos de sus amantes decían que lo que le pasaba es que “le picaba mucho el coño”. Mentira. Si a veces ni siquiera tenía orgasmo!!! Según ella, lo que la mataba, era la curiosidad. Y elaboró una teoría al respecto, que explicaba el por qué de la compulsión a los contactos con el otro sexo, tanto de hombres como de mujeres. Simplemente la curiosidad de saber cómo era esa persona en la intimidad, como “lo haría”, cómo sería su piel, su sexo……. Uffff, de sólo pensarlo, se le ponía la carne de gallina y nada, no podía contenerse…..

El chat fue un filón. Claro, a la distancia la curiosidad se incrementaba. Un día conoció a Aurelio, un representante de comercio de Galicia, creo que de productos de perfumería. Se ponía nicks algo ridículos como “galán de noche”. Era simplón, estaba casado, pero buscaba al amor de su vida para dejar a su mujer. Mientras tanto, para qué separarse? . Tenía como hobby criar perros, especialmente dobermans. El tono de la conversación con él era muy procaz: “yo te haría…, te llevaría al séptimo cielo”, “no sabrás lo que es bueno mientras no me conozcas a mi…” y frases por el estilo que iban dejando su semilla en la imaginación calenturienta de Emma.
Le mandó una foto, estaba como en un sauna o baño turco, era musculoso, cara agradable…..

Quedaron en encontrarse a mitad de camino. Benavente, decidieron, un miércoles a las 21 horas, para pasar la noche allí, en un cutre hotel de carretera. Las dos amigas, las únicas con las que podía compartir ese “lado oscuro” de su vida, pusieron el grito en el cielo: “no lo conoces, mira si es un psicópata, cómo se te ocurre irte a Benavente, es su terreno, no nos gusta nada lo de los dobermans, aunque la verdad que está bueno el tío…..”

Imposible convencerla, Emma no sabía lo que era el miedo… Y así se fue a Benavente, con el corazón y el sexo palpitante, con la excitación que le producía un encuentro así, puro sexo, ya que Aurelio y ella no tenían nada que ver en ningún aspecto de sus vidas, nunca antes ni después podrían coincidir por pura casualidad.
Aurelio era de esos hombres que parecen gordos vestidos pero que son todo músculo. Practicaba halterofilia. Aurelio era un hombre de hierro, no muy alto. Estaba más “ancho” que en la foto que había enviado, sólo el cuello era como tres brazos de Emma. Hubo escasos prolegómenos, después de conversaciones tan tórridas, ¿de qué iban a hablar?
Y ya en la habitación mínima y desangelada, que olía a lejía, se dispusieron a poner en práctica lo tan hablado y repetido, las promesas de él, las realidades de ella….
Aurelio la movía para un lado y para otro como una marioneta… qué frágil parecía en sus brazos! Se le puso encima, de horcajadas sobre sus piernas, sujetó sus brazos hacia arriba y cuando la tenía así, totalmente inmovilizada… achicando sus ojos e insinuando una media sonrisa, le dijo “¿sabes?, te podría matar esta noche…. “ y tuvo la certeza de que sí, que era posible, en realidad ¿qué sabía ella de ese tipo?, si sólo con una de sus manos podía romperle el cuello….. Le dio pena pensando en su madre, enterarse así de la otra vida de su hija, la noticia en los periódicos, sus compañeros de trabajo…. “fíjate, con lo señora que parecía…” Los pensamientos se sucedían a mil por hora, Aurelio seguía haciendo su trabajo, la follaba, la follaba y, mientras, le iba diciendo: “¿quién se iba a enterar, si te mato?” y el miedo y el placer se iban mezclando y sí, Aurelio la llevó al séptimo cielo. Caray, nunca había pensado que se podía gozar tanto jugando en ese borde incierto, en ese estrecho límite que separa la vida y la muerte, en medio de esa inconsciencia de entregarse a alguien que no se sabe quién es, ni cómo es…. Menos mal que no le dio por pegarle.

Y así volvía Emma, muerta de risa, escandalizando a sus amigas, que habían estado pendientes del móvil toda la noche…. diciéndose, “siempre, hasta del más desgraciado, se aprende algo……”

Y así quedó el tema aparcado hasta el día que llevó a Pablo por primera vez a su casa. Él se dedicó a curiosear todo lo que había en los estantes. Encontró una navaja… “¿Y esto, para qué quieres tú esto?” “Es una larga historia, déjala ahí”, “Oye, es un peligro tener esto”, “Qué va!”.
Y ya en la cama, Emma se puso encima de Pablo, lo miró fijamente y con una media sonrisa le susurró: ¿Sabes? Yo podría matarte esta noche…. Y se le disparó la adrenalina….

 


MENUDO CABRÓN

Hoy me acordé de ti, pero no logro, por más que rebusco en mi memoria, reconstruir el inicio de nuestra charla. Ahhh, ya sé, otra noche de esas, cuando mi cabeza funcionaba a mil la hora, brum, brum, sin parar, con esa sobreexitación extraña que me produce el chat... (cómo puede haber gente que dice que la relaja), yo buscaba alguien con quien charlar, pero quería que fuera de Madrid, ya me había enrollado con un asturiano y no quería repetir experiencia. Entonces iba pinchando tío por tío, eres de Madrid? y tú me mentiste, me dijiste que sí... hablamos no sé de qué, me llamaste esa noche, creo, me decías que quizás eras el vecino de enfrente, oíste a mi gato y te creíste que era un bebé, que no, es mi gato, tonto!.... menuda noche rara aquélla.

Eras de San Sebastián, nada menos, y tan vasco! Eras un hombre hecho a sí mismo, sin carrera, pero con mucha cultura. Lamentablemente, lo de la carrera te había dejado un gran complejo de inferioridad, mejor dicho, la falta de carrera... qué más da, una carrera no es nada
sí que es,
tienes mas cultura que un médico,
qué va, si soy un paleto, un campesino...
y así, no había manera, siempre lo mismo, tanta autocompasión a veces me hartaba, pero era tan tierno, me elogiaba tanto! Quería aprender de mí, decía, me pedía que le explicara cosas, pero vamos, si sabía más que yo... lo que hace la neurosis....

El Txabi iba a ir a Málaga a ver a su hermano, y seguramente tenía que pasar por Madrid. Por fin iba a conocerlo!! Pero había algún problema que yo no entendía, primero pensé que no se atrevía a entrar en Madrid, me pareció normal, una ciudad enorme y desconocida.... pero luego vi que era una fobia, y no la única... En fin, ya no sólo hay un problema de autoestima, ahora también hay fobias...

Ya se sabe, las mujeres tenemos el complejo de samaritana, lo fui a buscar a una entrada de Madrid, y para poder decirle exactamente dónde lo esperaba tuve que hacer ensayos previos. Yo, siempre tan ocupada, saliendo y entrando de Madrid para ver la salida más conveniente y las referencias apropiadas....

Así fue, y así nos encontramos, él, tan vasco, moreno, fuerte, bigotazos, y yo, según él, pálida, vestida demasiado "clásica" (claro, si me había ido directamente del trabajo), algo desvaída después de tantos esfuerzos....

Lo conduje hasta su hotel... cenamos, fuimos a tomar una copa, y nada, charla que te charla y nada más. Yo quería guerra esa noche. ¿Qué era lo que me ponía? ¿ese aire de paleto azorado? ¿esa actitud reverente y algo envarada? No lo sé, pero era todo un desafío... Le mostré mis tatuajes (eso nunca falla) y finalmente, cayó!!! Me besó largamente y descubrí su boca cálida, sus manos cálidas, sus ojos húmedos...

Nos vamos al hotel
sí, vamos
pero no tienes ropa
sí tengo, en el maletero de mi coche
pero cómo, ya lo habías programado?
previsora que es una.....

Así fue, pero ya en el hotel, todo era un desastre, se distraía, no funcionaba, se desesperaba, así que le empecé a contar historias al oído: imagínate, somos dos, aquí contigo.... las dos para ti ( y más cosas que aquí no me atrevo a decir)... se puso como una moto y fue uno de los mejores polvos de mi vida. Anda con el vasquito!! Sí que sabe de morbo...

Bueno, la historia se repitió varias veces.... Hasta que un día desapareció... cuando por fin lo pude localizar me dijo que él no salía con putas, menudo cabrón....

 

LA ADOLESCENCIA DE EMMA

Pero la historia amorosa entre Emma y su padre era imposible. Se encontraba dividida entre los dos. Ellos mismos le solían preguntar: “de quién eres tú? eres de papá o eres de mamá?” Su padre lo preguntaba más veces y siempre con un puntito de ansiedad en la voz. “De papá”, respondía Emma y su padre miraba a su madre con sonrisa victoriosa, “de papá, escuchaste Rosi?, la nena es de su papá…”.
Emma siempre imaginó a su padre deseando que ella no creciera, que no se hiciese mujer, que siempre fuera su hijita adorada… Pero ocurrió lo que tenía que ocurrir, un buen día, eligió a su mamá. Emma no lo recuerda con claridad. Probablemente era un proceso normal en una niña. Pero en esa peculiar guerra que mantenían sus progenitores, ser de mamá quería decir, odiar a papá, despreciar a papá, sus maneras, lo bruto que era, pero no sólo a papá, sino a toda su familia, todo lo malo que podía tener Emma venía de allí. Ser de mamá, entonces, quería decir de toda la familia de su mamá, de su abuela, de sus tías… hasta de sus amigas de la infancia….
Emma siempre hablaba del amor que sentía por su madre, pero también del odio, el terrible odio que se iba apoderando de ella a medida que se hacía mayor.
Y así llegó a los quince años. Precisamente a los quince años y medio. El cuerpo delgado, casi enclenque, los senos aun de niña… Ya tenía el rostro del placer a pesar de que no conocía el placer. Ese rostro parecía muy poderoso. Incluso, decía, su madre debía notarlo. Su madre que nunca había conocido el placer, Emma estaba convencida. Y se convirtió en la cancerbera de la niña, de su virtud, de esa niña que sería la primera en irse, un día, ella lo sabía, se iría, lograría liberarse.
No era posible controlar todo el tiempo de Emma. Sus tardes en el parque. Ese señor mayor que se le acerca, que se dirige lentamente hacia ella, que le ofrece un cigarrillo. Su mano tiembla. Ella le dice que no fuma, no, gracias. No dice nada más, no le dice déjeme tranquila. Lo sigue al apartamento en el sur de la ciudad. Ella no le pide que abra las persianas. Se encuentra sin sentimientos definidos, sin odio, también sin repugnancia, sin duda se trata ya del deseo. Está donde es preciso que esté, desterrada. Él no dice nada y Emma sabe que es ella la que sabe. Sabe. El asunto sólo dependía de ella. Le pide que la trate como acostumbra a hacerlo con las mujeres. Le arranca el vestido, lo tira, le ha arrancado el slip de algodón blanco y la lleva hasta la cama, así desnuda. Pero luego no se atreve y se vuelve tumbado hacia el otro lado. Y lenta, paciente, ella lo atrae hacia sí y empieza desnudarlo. No lo mira, lo toca… y él lo hace. Primero hay dolor. Y después ese dolor se asimila a su vez, se transforma, lentamente arrancado, transportado hacia el goce, abrazado a ella.
Emma piensa triunfante que su madre se moriría si se enterara y se pregunta cómo es que tuvo el valor de ir al encuentro de lo prohibido.


EMMA FUE FELIZ ENTRE LAS ESTRELLAS

Emma había estado muchos años con Pedro. Demasiados, decía ella. ¿Por qué había iniciado esa relación? Pedro no le resultaba atractivo físicamente. Pero esto Emma no lo podía decir, ni siquiera lo podía pensar, tan sacrílego era dar prioridad al físico sobre la mente.
Era una frivolidad inaceptable. Lo importante era la inteligencia, la coherencia ideológica, el compromiso… Qué tontería pretender que la enamoraran…. Menuda estupidez pequeño burguesa…. Emma osó sugerirle que fuera más seductor, que le hiciera rodeos, que no fuera tan “al grano” como solía hacerlo cada noche. Pedro le dijo que hacer eso sería una impostura, una mentira, que sería algo forzado, inventado, para lograr lo que era desde el principio el objetivo. Emma no quiso entonces que se esforzara. Vale, déjalo, no dije nada. Otra renuncia, y cuántas iban?
Pedro reunía todas las condiciones “teóricas”. Era un tío brillante, culto, divertido…, Emma lo escuchaba con interés porque pensaba que siempre tenía algo que aportar, aunque a veces resultara algo pesado o monotemático.
Pero con el tiempo, le iba pareciendo cada vez más monocorde, con filias y fobias en ascenso, reiterativo hasta la agonía. Pedro dejó de ser divertido… Ella observaba con espanto cómo las mismas cosas que le habían parecido simpáticas de Pedro se habían transformado en algo monstruoso, odioso. Cada vez tenía menos ganas de contacto sexual con él. Se había convertido en esas mujeres a las que les duele siempre la cabeza, como suponía Emma que era su madre (cuestión completamente falsa como se verá en otro momento).
Cuando ya no pudo más, lo abandonó, no sin resistencias por parte de Pedro. Se sacó esa losa de encima pero otras losas ocuparon su sitio. ¿Habría hecho bien? La duda y la culpa la reconcomían.
Y en esas estaba cuando conoció a Luis. Primero no le hizo mucho caso, pero había algo en su sonrisa y en el brillo de sus ojos que fue dejando huella. La atracción física era enorme, como enorme era su estilo de insinuarse, de aproximarse, de iniciar esa preciosa “danza” que los llevaba al cenit una y mil veces. Pero, en la vida de Emma siempre había peros, Luis no tenía ni siquiera terminado el bachillerato, tenía faltas de ortografía, no estaba precisamente acostumbrado a manejarse con abstracciones, aunque, y esto ella debía reconocerlo, tenía una enorme curiosidad y deseos de aprender.
Emma se avergonzaba de Luis y lo tenía oculto. No lo presentaba a sus amigos que sospechaban y preguntaban.
Mientras se debatía en su particular lucha, Luis la invitó a Cádiz. Él era fanático de Cádiz. Emma había ido con Pedro una vez, y sí, es bonito…
Bonito no, es único!
A Emma no le había parecido para tanto, pero ¿para qué discutir?
Se fueron a Zahora, un sitio en medio de la nada. Luis deshizo su equipaje y sacó unos tremendos prismáticos. ¿Y eso? ¿es para ver Africa?
Ya verás, es una sorpresa. Luis le sonreía enigmáticamente.
¿Sorpresa? Nunca le habían preparado una sorpresa. No sabía Emma si le gustaban o no las sorpresas, tan sorprendente le resultó la idea.
Venga, Luis, dímelo, qué sorpresa es?
Hasta esta noche no lo sabrás, venga, no seas niña y aprende a esperar…
Y esa noche, Luis la llevó al mismo centro de las huertas, donde no llegaba ni un rayito de luz artificial, y cuanto más se adentraban en lo oscuro, se iba acentuando un maravilloso cielo, que se veía curvo, plagado de estrellas, palpitante, vivo…. En uno de los senderos que utilizaban los hortelanos durante el día, Luis desplegó unas toallas y la invitó a tumbarse boca arriba, con el universo entero desplegado encima de ellos. Le puso los prismáticos en los ojos y comenzó a enseñarle… Sirio, la más brillante, la estrella polar, quieta en el horizonte, el camino de Santiago, jirones de gasas blancas, Orión (Orión? Emma se acordó del replicante de Blade Runner)… Nunca había visto todo aquello, por primera vez se dio cuenta que nunca había mirado el cielo, y le dio por pensar qué estaría haciendo si en lugar de Luis estuviera con Pedro. Seguramente comentar las noticias, ver una película por televisión, leer un libro… nada parecido a esa magia que Luis desplegaba como un maestro.
Pero, cómo sabes tanto del cielo?, le dijo.
Desde pequeño me quedaba horas mirando. Es que quería ser astronauta, sabes? Cosas de chiquillo. Me compraba mapas del firmamento y me divertía intentando identificar las estrellas, las constelaciones, los planetas…. Pero hoy hay más sorpresas, a que no sabes qué día es hoy? Hoy es San Lorenzo, la lluvia de estrellas, las perseidas, dentro de un rato verás más estrellas fugaces que en toda tu vida…
Y éste era el hombre del que se había avergonzado, que había ocultado. Qué injusta había sido.
Iban contando las estrellas que caían, y a cada una, Emma sentía que algo quizás parecido a la felicidad le iba llenando el pecho. Y llegaron a contar veintisiete.

 


EN LAS PUERTAS DE LA AVENTURA AFRICANA

No podía creerlo. Una tarde tediosa le había sonado el móvil… ¿Emma Weiss? Sí, soy yo. Mira, hace tiempo y quizás por otro motivo nos mandaste una carpeta con tus trabajos, creo que ahora tenemos algo que te iría… ¿sigues disponible o has cambiado de idea?
Emma intentaba recordar cuándo había tenido aquel arrebato, cuando pensó que ya estaba bien de quejarse, que algo había que hacer, que siempre se puede cambiar el curso de las cosas. El día que tuvo ese “brote” voluntarista en el que desplegó una actividad inusitada, armando carpetas, haciendo copias, buscando direcciones, confirmándolas y llevando todo al correo… Total, ¿para qué? Nadie había llamado y se olvidó de aquello. En realidad nunca creyó que produciría algún resultado, nunca esperó nada, era la pura acción para justificar que ella, al menos, lo intentaba. Tampoco, quizás, era para justificarse, simplemente lo hizo, siguiendo sus impulsos, y seguramente, si le preguntáramos qué es lo que esperaba de aquello, una expresión de perplejidad se dibujaría en su cara.

No he cambiado de idea, musitó, ¿de qué se trata?
Bueno, antes de explicarte más debo saber si estarías dispuesta a viajar, quizás por bastante tiempo, quizás a ciertas zonas conflictivas, en fin… que si esto podría entrar en tu esquema de vida. Si es que no, entonces ya no hace falta seguir hablando.

A Emma el corazón le latía cada vez más de prisa…

Para entenderla, deberíamos saber que en esa difícil edad en la que hay que elegir qué se quiere ser en la vida y en la que se está muy poco preparado para tomar tamaña decisión, Emma había pensado que quería ser médico. Se pasaba las tardes de verano leyendo a Cronin… y soñaba con ser un médico en las misiones, sacrificándose por los demás y viviendo todo tipo de aventuras. En su cabeza se mezclaba una vida con sentido, en la que se realizara una aportación valiosa que le otorgaba una gran estatura moral, con el exotismo de los negritos africanos o los chinitos a los que el Dr. de las novelas de Cronin ayudaba con esmero. Era una vida novelada o novelesca, según se mire, la vida que se imaginaba Emma para sí misma. Una vida romántica.
Pero cuando finalmente tuvo que decidirse, alguien se cruzó en su camino, alguien a quien admiró. Y esto, unido a que los padres de Emma eran pobres de solemnidad, hizo que cambiara de idea, no sería médico, sería fotógrafa.
Le encantaba la fotografía. La magia del cuarto oscuro, preparar los líquidos, pesando los polvitos en la balanza de precisión… Parecía “bruxería” , como decía su abuela gallega. Tal como le ocurría con todo, aprendió rápido. Incluso las clases de óptica se le hacían sencillas. No recibía más que elogios de sus profesores. ¡Qué futuro promisorio le auguraban!. Pero Emma sentía que todo aquello era falso. Sí, aprendía rápido y superaba a sus compañeros, pero la “llama” de la creatividad le faltaba. Además, y con esto Emma no había contado, un fotógrafo no puede ser tímido, ocultar la cámara, no correr riesgos de ser impertinente o de que lo increpen por atentar contra la intimidad de los demás…. Y así iba por la vida debatiéndose en la duda de hacer lo correcto o estar perdiendo el tiempo en esa revista, acompañando a los periodistas para fotografiar a sus entrevistados, sacando fotos cada vez más rutinarias y tópicas como tópicos eran los textos que allí se escribían. ¿Cómo inspirarse en medio de tanta mediocridad?

Pero ahora le ofrecían, por fin, un maravilloso trabajo acompañando a una ONG de médicos a África, a inmortalizar su labor y sus logros, a ser la fotógrafa oficial del grupo, financiado con fondos europeos… Emma no lo podía creer… Claro que no le importaba el riesgo, ni tenía nada que perder, ni el tiempo que estuviera por ahí (África, nada menos!!) ni tampoco, aunque prudentemente no lo dijo, lo que le pagaran… Sí, mañana mismo tenemos una reunión, a ver si nos ponemos de acuerdo….
Cuando Emma cortó, le faltó tiempo para llamar a Pilar, su amiga y consejera.
Suena maravilloso, dijo cautamente Pilar después oírla en silencio, ¿qué dice Luis?
Caray… Luis….

CARAY…. LUIS….

Emma luchaba contra el viento en la enorme explanada de la Torre Picasso. Un ambiente desapacible, mezclado con un sol blanquecino la envolvía. ¿Por qué siempre que me toca venir por aquí hace ese viento? El país de las tormentas, pensó, el planeta invierno… ¿ese no era un libro de ciencia ficción que había leído hace mucho? Caminaba con dificultad, con pasos cortos detrás de David, un periodista que trabajaba por libre, “free lance” como se suele decir. Más que caminar, correteaba, deseando que por fin llegaran a meterse en las puertas giratorias de la gran mole. De vez en cuando acompañaba a David, él hacia la entrevista y ella las fotos. ¿Quién es hoy?
La Presidenta de Advisor, la más grande consultora americana después de IBM, claro.
Qué raro una mujer.
Por eso la entrevisto. Me lo pidió una revista alemana. Mujeres de éxito españolas. El problema es que hay que fotografiarlas en algún contexto español.
Pues bien lo tenemos, como no le pongamos un fondo con la Cibeles… o una plaza de toros… No creo que la Picasso sea muy representativa.
Bueno, le haces alguna foto en su despacho y después vemos. Si hay que buscar otro sitio, menudo lío, con lo ocupada que es la señora.
Llegaron, y cumplieron con toda la parafernalia de acreditaciones, paso de molinetes, tarjetas de visitante en lugar visible y todo eso. Planta 19. Enormes ascensores con voz que les iban indicando las plantas. Sin embargo no tienen espejo, pensó Emma, sintiéndose cada vez más pequeña, más regordeta, peor vestida. No le hubiera venido mal un vistazo para controlar su aspecto. Aunque, mejor así, lo mismo no le gustaba lo que hubiera visto.
La señora en cuestión era espléndida, precisamente ese tipo de mujeres de las que Emma se quedaba prendada y que despertaban toda su envidia (sana) y que inmediatamente se convertían en su ídolo y modelo de emulación (teórico, porque ella se inventaba cómo serían sus vidas, sus gustos, sus elecciones, así que, finalmente lo que Emma copiaba era lo que suponía que harían en condiciones similares esas mujeres portentosas con las que se encontraba de vez en cuando, en síntesis, Emma se copiaba a sí misma en versión fulanita de tal).
Era delgada, alta, elegante y Presidenta!. Y cómo ejercía de presidenta! Emma se preguntaba por qué esa señora sí y ella no. Bueno, tenía mil y una explicaciones para ello. Al fin de cuentas, pensaba, la vida se construye con multitud de caminos que tienen un origen determinado y que nos presenta encrucijadas varias. Como en el juego del laberinto, se va eligiendo un recorrido y un buen día, cuando nos encontramos en determinado lugar, no sabemos cómo es que hemos llegado allí, nos preguntamos qué podría haber ocurrido si en lugar de ese camino hubiéramos elegido otro, y lo más frecuente es que ese lugar no nos guste. Por lo menos a la gente inteligente. Pero en esa intersección de coordenadas, resultado completamente aleatorio, debemos vivir, ser felices, sentirnos plenos, qué difícil, no? Todo esto pensaba Emma mientras salía otra vez a los vientos y se despedía de David.
Gracias guapa, ya te diré si hay que hacer más fotos. Por cierto estás espléndida, se ve que te va bien.
Qué ojo clínico el de David, no daba ni una.
El trabajo que le habían ofrecido en África, que la había entusiasmado tanto, era, en gran medida, el causante de todas sus cavilaciones. Ahora le daba miedo. ¿Y si no alcanzaba lo que ellos esperaban? Siempre su temor a la mediocridad. Pero además, ¿Cómo se lo tomará Luis? ¿Y si perdía a Luis? Todavía no se lo había contado. En cuanto estuviera en un lugar tranquilo lo llamaría…. Pero, ¿cómo decírselo? Oye, me han ofrecido un trabajo que me encanta. Estaré fuera más de un año, quizás dos o tres, y en muchas ocasiones incomunicada, tiene cierto riesgo… pero nada, son cosas menores, lo nuestro sigue igual, te quiero, eres mi vida, no sé qué haría sin ti…. Pufff, le sonaba ridículo.

Le preocupaba, y mucho, perder a Luis. No sabía si era porque lo amaba o porque, por fin, había encontrado a un hombre que de verdad quería comprometerse. Había sido muy duro ir por la vida siendo tan independiente, tan reivindicativa. Otras mujeres en su situación decían “es que se asustan”, Emma, sencillamente, pensaba que ella no era suficiente como para que la eligieran. Siempre tan acomplejada…. Con Luis fue distinto desde el principio. Cuando la conoció, después de hablar dos palabras, le dijo: “nos veremos otra vez, verdad?” y eso le sonó a música celestial. ¿Cómo dices? Que si nos veremos más veces. Bueno, sí, no sé, sí claro… y perdió la compostura, cosa que le pasaba bastante habitualmente con Luis.
Siempre recuerda cuando, en medio de la noche, no sabe por qué, se despertó y se encontró con él, a su lado, apoyada la cabeza en una mano, mirándola. Pero ¿qué haces?
Te miro, respondió.

Emma no sabía si se había enamorado del amor, pero ahora que lo tenía, ¿cómo renunciar a esa ternura?. Pero también ¿cómo renunciar a ese trabajo que podría cambiar completamente su vida?

Luis, hola, mira, tenemos que hablar urgente… Me han ofrecido un trabajo… Sí, contenta. Bueno, hay un problema, es lejos… No, no es en España, es fuera. Europa tampoco. No estoy jugando a las adivinanzas. Si me dejas hablar te lo explico…….

Y lo explicó y Luis no podía creerlo… empezaron a brotar sus palabras, que él ya sabía que ella estaba con él sólo porque no tenía nada mejor. Que ya estaba harto de sus complejos infantiles. Que al carajo Cronin, la historia de la monjita en las misiones y toda esa mierda. Que ya estaba pensando él que para qué quería una mujer que no estaba nunca en casa. Pero ese nunca quería decir que volvía a las once de la noche casi todos los días. Ahora resulta que la señora se va a África. A África! ¿Qué pasa? ¿Estaba bueno el de la entrevista?. ¿Qué es lo que te llama la atención? ¿Lo que tienen los negros entre las piernas? Si ya lo sabía yo, si la cabra al monte tira, pero sabes qué te digo? que mejor así, mejor no perder el tiempo, si casi me das pena…. bla bla bla bla……

LA IRA

No podía pensar, no podía trabajar, la ira se lo impedía. Así que se lo tenía guardado, el muy cabrón, tirándole de la lengua para que ella contara su pasado…. Tan comprensivo, tan cómplice que parecía. Pero no era que la considerara una promiscua o, peor aun, una viciosa, una obsesa por el sexo, no… lo peor era ese tonito “apenado” con el que le hablaba, como si fuera un curilla.
Pena, que le doy pena! No podía sacarse esa idea de la cabeza. Menos mal que se había dado cuenta de la calaña de tío que era. Asustaba tanto rencor acumulado. A veces le daba tanta rabia que sentía deseos de matarlo, con su navaja, fantaseaba. Tal como le había explicado el gitano aquél, “de abajo arriba, chiquiya, así se maneja esto, siempre de abajo arriba”. Y se lo imaginaba abierto en canal, perdiendo la sangre a borbotones, sangrando como el cerdo que era. Cuando leyó en el periódico “ardía como una antorcha”, así se lo imaginaba a Luis, una tea humana después que ella lo hubiera rociado con gasolina y encendido la cerilla…
Qué imaginación la suya, desatada por la ira, aunque sabía que no era capaz de hacer nada de eso (bueno, a veces no estaba tan segura).
Bah, tonterías de su cabeza loca, ¿qué iba a ganar con eso?. Sabía que no lo iba a hacer, pero era agradable jugar con esas imágenes. Si Luis lo supiera….
Además Luis tenía razón en algunas cosas. Ya era hora de cerrar capítulos en su vida. Basta ya de pensar en la infancia, en lo que podría haber sido y no fue… ¿Para qué Africa? ¿Para ir detrás de aquéllos a los que admiraría, sintiéndose cada vez más frustrada…? ¿Para creerse alguien, a través de los logros de otros…? Sabía que no iba a encontrar en África aquello que le fue escamoteado. No, se quedaría en Madrid y aquí era donde debía buscar su sitio. Cada vez se sentía más segura de que, por fin, encontraría su camino. Y mientras Luis se iba haciendo cada vez más extranjero y lejano, el vacío del amor la iba invadiendo. ¿Cómo superar esa pena?. Ah!, se le ocurrió, ¿no le habían hablado de no sé qué página de contactos?

Y EMMA VUELVE A LAS ANDADAS


Le costó un poco encontrar la página de contactos, pero al fin lo consiguió. Se apuntó. Hizo una minuciosa descripción de sí misma: “Adoro el viento en la cara, las gotas de lluvia, el crujir de las hojas cuando se las pisa en otoño, las puestas de sol en, por ejemplo, los arrozales de Valencia o en el Cabo de Gata... el sol del verano que se te mete en la piel, con el salitre del mar, en cualquier playa, pero cuanto más desiertas mejor... pero también adoro los días soleados en mi ciudad, ir al Rastro los domingos, leer el periódico en un parque al solecito, hacer pereza en la cama cuando no hay que trabajar con el rumor de la ciudad de fondo... Adoro la mirada de los niños, haberle descubierto el mundo a mis hijos, la gente que sonríe, esos pequeños encuentros cotidianos... y el amor, cuando te miras con la persona amada y algo se te encoje por dentro, cuando hay ese contacto de piel que te deja una añoranza y un deseo de repetición para toda la jornada, cuando estás en tus cosas pero sabes que para alguien eres lo más importante, que te piensa y lo piensas, más allá de las palabras..... Me gustan los puntitos de melancolía y a veces regodearme en ella, no soy complicada pero tampoco simple, simplemente humana y, como tal, con mis fortalezas y debilidades, tratando de sacar algo positivo de esta corta vida que me ha tocado vivir.... bueno, todo lo demás lo tendrás que descubrir con paciencia"

Todo eso ponía, en el intento de que se le acercara la gente más afín, que la conocieran un poco por el texto... Según nos contó, fue un verdadero desastre, una galería de los horrores, hasta que un día, le llegó un mail diferente,
hola Clarice (su nick de ese momento, homenaje a Clarice Lispector su escritora favorita),
repito, hola Clarice, te leí y me encantó
muero por conocerte en persona
seguro que nos hacemos muy amigos,
desde ya, besos, nueva amiga
Bueno, y más cosas que no recordaba, lo importante es que era diferente, además le había pedido una foto (a esa altura ya no conocía a nadie más sin foto, visto lo visto) y se encontró con una imagen más que agradable.

Quedaron para comer, una vez, dos veces, tres veces.... Cuánta complicidad, cuántas risas, lo único malo, decía Emma, es que le gustaba el fútbol.... Hasta trabajaban en temas cercanos!
Como a la cuarta comida se lo soltó: “tengo pareja”, y parece ser que Emma se dedicó a parpadear un rato. Suponía la cara de idiota que se le habría puesto.

Comenzó su lucha interior, “qué hacer, no puedo enrollarme con este tío, va a ser sufrimiento seguro, yo debo ser siempre primera elección....”

Pero se enrollaron, su querido amigo Fran y Emma, se amaron como dos locos inconscientes, se entendieron piel a piel de tal manera que una mirada ya dictaba el deseo del otro, y con urgencia debían resolverlo... Su amigo, su cómplice, su amante.....
Cuántas cosas le había contado a Emma, de su vida, de su infancia, de sus miedos... Según Emma, Fran no era feliz, decía que no sabía serlo...........

Un día la llamó: “Me separé, dijo,
ya no la quiero,
más aún, ya no la soporto,
ahora podremos hacer todo eso que no hicimos,
que me lleves al flamenco,
que vayamos al campo....”

“Ay, Fran, ya es tarde, demasiado tarde, ya nada puede pasar entre tú y yo, nos conocemos demasiado querido, ya está todo perdido entre tú y yo, si hubiera sido un poquito antes, sólo un poquito amor....”

 

EL SEXO ES UNA COSA MENTAL

A Pablo no lo había conocido exactamente en internet, pero sí a través de internet. Fue a una kdda a la que la había invitado una amiga común.
Era el centro de atención, el "extranjero". Emma y Pablo no se hicieron caso ese día, quizás ni siquiera intercambiaron palabra.
El no estaba mal, moreno, delgado, ojos color miel.... pero Emma tenía todavía en la cabeza una última relación, que, ¡cuando no!, la tenía en un sin vivir constante...
Se vieron varias veces en distintas situaciones y siempre en ese mismo plan frío y distante.

Pero al fin, su amiga celebró su cumpleaños en un restaurante y él llegó tarde después de jugar al Paddle... Se acercó a Emma, cómo estás?
bien, y tú?,
bien, no me dio a tiempo a ducharme, estoy hecho un cerdo, perdona,
no te preocupes, no se nota nada....
Y aquí tuvo que decir que en esa distancia corta, en esa situación... no le fue tan indiferente... Así, sudado, con un chándal que le marcaba la musculatura, sintió toda su virilidad y se le disparó la imaginación. Además él era argentino, y su amiga insistía en alabar las dotes amatorias de los del cono sur... Una cosa lleva a la otra... pero él nada, no parecía que le hubiera pasado lo mismo con Emma, la que le seguía siendo tan interesante como cualquier otro objeto que estuviera en ese momento dentro de su circunstancia.

Bueno, abreviando, Ale (la amiga), la invitó a una fiesta de disfraces que organizaba en su casa para celebrar Halloween. Emma nunca se había disfrazado en la edad adulta, y no le hacían gracia esas fiestas, y menos una fiesta yanquee, pero inexplicablemente decidió disfrazarse e ir. Pero, ¿qué disfraz?, si hubiera tenido a mano a sus sobrinos, seguro que tenían todo tipo de elementos para improvisar un disfraz, pero ya no vivían en la misma ciudad. Se decidió entonces por ser una diablesa (era fácil y además le parecía algo muy sexy).
En un día frío y gris, que recuerda como viernes, fué a una tienda cerca de su casa, barullo creía que se llamaba. La cola que había en el barullo era de una manzana de larga. Caray, con el Halloween, sí que estaba pegando fuerte para desesperación de los defensores de la Capa y Puro. Cuando por fin pudo entrar en la tienda, por allí había pasado la marabunta, ni cuernos, ni rabo, ni nada de nada. Unos pocos tristes gorros de bruja que le quedaban espantosos y una peluca de Cruela Deville (la que se quería hacer el abrigo con el pellejo de los perritos dálmatas, mala malísima) mitad del pelo blanco y mitad negro. Pues no se lo pensó dos veces y se la compró, también un collar largo de perlas y unos guantes negros de raso por encima del codo.
Ya en su casa se puso un vestido negro de tirantes ajustado, medias de malla, tacones, y se pintó los labios de morado.
Y así se fue, de esa guisa. La fiesta era un timo, casi nadie disfrazado, la dueña de casa de brujita simpática y un triste drácula que se ponía y quitaba el colmillo. Es que Emma se tomaba muy en serio las instrucciones y si había que ir disfrazada, se iba disfrazada!
Apechugó con la vergüenza y se quedó muy digna de Cruella, poniendo gestos de mala malísima cada vez que le sacaban una foto.
De repente lo vió, mirándola con ojitos burlones desde lejos. Sí, era Pablo, sin disfraz, claro. Se acercó a saludarla.... y mientras hablaban y bailaban Emma veía en sus ojitos color miel, ese brillo que demuestra que ya se le estaba ocurriendo esa misma idea que se le había pasado a ella por la cabeza con los sudores y el paddle... Sería fetichista?
No sabía si era por el disfraz de Cruella o porque le dijo con tono muy ingenuo: ¿Sabes que vivo completamente sola por primera vez en mi vida? pero lo cierto es que ya no se le despegó en toda la noche y, por supuesto, cuando Emma se despidió, le dijo que la acompañaba....
Una vez en su portal, preguntó, ¿me invitas a tomar algo en tu casa?
claro, sube, no sé si tendré algo para ofrecerte...
seguro que sí...
Subieron, charlaron, se besaron, se acariciaron, ¿cómo no te había visto así antes?
Ya ves, la magia del disfraz...
Le fue sacando la peluca, el collar, el vestido, pero no las medias de malla ni los tacones, como había supuesto era un fetichista....
Vamos a mi habitación, aquí hace frío..
me muero por estar en tu cama...
Entraron al dormitorio, la echó en la cama y le rompió las medias. Era un artista, recuerda Emma, lograba que quedaran rotas en el lugar preciso…. la folló así, medio desnuda, con los tacones y los labios morados, la noche se les hizo pequeña para tanta pasión.

Claro, pensaba Emma, es que el sexo es una cosa mental, pero caray, cuando ya iba por la docena y media de pantys de malla rotas, cuando ya se le agotaron los disfraces posibles, cuando se hartó de sacar tiempo entre reunión y reunión para comprar lencería a su gusto, cuando dejó de ser divertido y comenzó a ser un trabajo, Emma mandó a la mierda a Pablo, a su rollo mental, a sus fetiches…. añorando a aquél (¿cómo se llamaba?) que insistía en hacer sexo tántrico y en masajearle los pies antes… para que se relajara… uffff


 

Con veinte soñadores por banda, no corta el mar sino vuela, un velero bergantín, bajel pirata al que llaman, por su bravura, El Temido... si quieres más busca a Espronceda, baby

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