Se podría escribir una novela explicando cómo conocí a Antonio Quintana. Es un poco largo, así que voy a dejarlo en una frase que no todo explica, y es enigmática porque ni Antonio ni yo hemos estado nunca en persona con quien nos puso en contacto, pero a Antonio Quintana y a mí nos presentó, hace ya algunos años, Genma Nierga. Desde aquel momento, y aunque no nos hemos visto (todavía), comenzamos a intercambiar correos, compartir pesares y alegrías (mi premio Nadal le alegró tanto como si lo hubiese ganado él), y finalmente una columna, que puede encontrarse en esta misma web,le decidió, a pesar de vivir en Aachen, Alemania, a apuntarse al Barco-Taller Literario más aventurero que pueda encontrarse en ningun lugar del mundo. A Antonio, le convenció que confesase públicamente la verdad, y declarase que : SOY UN ESTAFADOR,

Quentin

(descargar todos los cuentos de Quentin hasta abril en pdf)

La vida es literatura...todo lo demás es cuento

by Quentin

Quentin se parecía a Quentin.
Su infancia no había sido fácil, pero tampoco había sido tan mala, desde luego había merecido la pena vivirla.
Él tenía una frase favorita ,sacada de las peliculas del oeste que su padre solía mirar sin solución de continuidad cuando estaba en casa. "Los golpes en la espalda que no me matan, me hacen más fuerte"
Él nunca había sido un quejíca y estaba convencido, a sus 16 años, que por muy dura que se pudiera presentar la vida, valia la pena vivirla.
Quentin es una persona curiosa por naturaleza . Se hace constantemente pregúntas sin respuesta. Que lo convierten en un buscador, rastreador y aventurero eterno.
¿Quién es Quentin?
¿De dónde viene Quentin?
¿Hacia dónde se dirije Quentin?
¿Y cuándo hay descanso entre tanto ir y venir?
!Sí, Quentin era un optimista!

 

Cuaderno de tapas doradas

Su cuaderno de apuntes personales se había mojado en el trayecto de la escuela a la casa de Quentin.

Aquel cuadernillo dorado que con tanto mimo y devoción había cuidado que tanto tiempo y esfuerzo le costó conseguir . era muy especial, con finas tapas de papel-cartón machimbrado, traído del Oriente, de color dorado. Las hojas del interior de un amarillo pálido. Simplemente esperaban. Esperaban ser escritas de historias mágicas.

Era un placer escribir. Aunque Quentin no tenía muy claro que debía escribir. Si era consciente del encanto que su cuadernillo ejercía sobre él.

Él apuntaba nombres de personas, por ejemplo la lista negra de profesores insoportables, confidencias que no se atrevía a contar a nadie más, hacía dibujos, también metió el único billete de 100 pesetas que se encontró y algo que no encajaba en sus patrones .Apuntó un nombre: CARLOTTA y un deseo hasta entonces desconocido para él : Ser amigo de Carlota.

Nunca se despegaba de su cuaderno. En cierto modo era su mejor amigo, era su confidente.
Que nunca lo defraudaba ni le hacía quedar en ridículo. Siempre estuvo ahí. Para él .

Quentin sabe que su cuadernillo encierra otros mundos que aun están por descubrir y que todos los mundos están en uno, ahí , en su maravilloso cuaderno de tapas doradas, para siempre, para él.


Carlotta

Le daba igual., el apuntaba nombres de personas, apuntaba confidencias, hacía dibujos o metía un billete de 100 pesetas, el único que se encontró.

Nunca se había despegado de su cuaderno hasta aquel día inhóspito y gris, desgraciado día en el que se atrevió a hablar con Carlotta, también alumna de los Salesianos, para invitarla a subir a su Mobilette y llevarla de vuelta a casa.

Carlotta que era un año mayor que Quentin. Iba un paso-Madre de Dios ¡ cómo evoluciona la Naturaleza!- por delante en lo que a la (re) evolución hormonal se refiere. Cuerpo esbelto y las redondeces exactamente donde manda la Madre Natura.
Quentin continuaba en la edad del pavo- o sea en plena adolescencia y con la cara llena de granos. Si, sus hormonas estaban también trabajando pero en otra dirección.
Mientras ella hacía uso de sus primeras armas de mujer.

Podía sentir su cuerpo aferrado al suyo y sus brazos agarrados a la cintura . Los baches, que él, a conciencia, cogía de lleno, no hacían sino que empeorar la situación. Ella parecía ansiosa de sentir el cálido cuerpo de Quentin y él se siente por primera vez deseado.


El desencuentro


A partir de aquel día, Carlotta le pidió en muchas ocasiones que la acompañase con el motorino. Simple Excusa. Pasado un tiempo ya no montaban en mobillette, sino que daban grandes paseos por las montañas de Sierra de Tramuntana que tenían cerca. Allí fue donde el ciclo al cual está subyugado todo ser viviente volvería a empezar .
Poco a poco, Quentin fue olvidando a su apreciado Amigo de tapas doradas. Ya que ella ocupaba todo su tiempo. Él quedó arrinconado en la parte inferior de una mesita de noche... Fue el principio de una historia de amor... y una fina capa de polvo se fue depositando sobre las tapas doradas que algún día alguien volvería a abrir y tratar con mimo para escribir las más bellas historias de Amor.

 

¿Quién es el lobo?
Micro de Caperucita 30/03/05


Quentin fue siempre un misántropo. Era consciente del avanzado estado de putrefacción y vacío humano que acompañaba a la mayoría de personas durante toda la vida.
Razón de más para apreciar una buena amistad. El lobo era un buen lobo.

¿Quién es el lobo? 2parte
continuación Micro de Caperucita 01/04/05


Ya en su etapa de adolescente empezó a interesarse por escritores tan poco recomendables (según su cerrado circulo de amigos) como pueden ser H.Hesse, Cortázar, Henry Miller, Nietzsche o Bukowski. Que según sus iletrados compañeros eran aburridos y eran una perdida de tiempo, desde luego era más interesante pasar la tarde en el bar del pueblo jugando al “tute loco” y mirando el partido de fútbol, que no pasarla sujetando un estúpido libro entre las manos.
Para Quentin los amigos y los libros eran dos extremos que se complementaban y cada uno ejercía su función, él era consciente de ello. Por una parte asimilaba la teoría de sus autores favoritos, que ejercieron de manual de instrucciones en este complicado proceso que es la vida. La parte práctica, naturalmente, sí que se atreve a hablar de ella, aunque no tiene nada que ocultar, además el instituto anatómico forense ofrecía escasísimas plazas para empezar a trabajar como funcionario...
...Plaza a la que se hizo acreedor escalpelo en mano.
Quentin a día de hoy no tiene amigos.

 

Todos los colores están en el blanco

Quentin siempre estuvo al margen nunca encajó.
Todo estaba impregnado por una luz mareante, por una luz blanca.
Especialmente cuando recibía bofetadas en su escuela.
Instantes muy especiales, el sonido del entorno desaparecía para dar paso a un silbido pasajero de orejas. Pabellón enrojecido. En ese momento se sentía como un estúpido, aunque él sabia, en un rinconcito de su corazón, que no era así.

Las hostias que se pegaba bajando las empinadas cuestas de su pueblo, con la bicicleta prestada y sin frenos también estaban bañadas en color blanco. Al fin y al cabo nadie le había avisado que una bicicleta tenia que poseer un sistema de frenado.
Él, Quentin Quijano, sólo advertía la expresión de velocidad en aquellos chicos mayores, bajando a todo pedal y con cara de felicidad fugaz.

Quizás fue el recuerdo antaño de aquellas expresiones de felicidad pasajera, que años más tarde vería reflejado y plasmado en los caretos del piloto y copiloto del primer descapotable -Cabriolé era de uso exclusivo de los Snobs- que se paseaba por su pueblo. Los de la pandilla lo llamaban el descapullable, sin poder disimular su deseo secreto de poseerlo.
Ni que decir tiene que aquel sucedáneo de coche fue rápidamente catalogado, por los “sabios” del barrio, de un lujo, caro y sin espacio.

Si, aquellos recuerdos y la sensación de no haber llegado al punto álgido, a su cuota de felicidad asignada, y tan deseada lo obligaban a seguir buscando.
.
. Quentin descubrió que unos de los peldaños insalvables para seguir sobreviviendo, necesariamente tenía que pasar por una fase de egoísmo supremo: BMW Z3, biplaza, Azul, cielo, sin espacio, absolutamente innecesario, un placer absoluto.
La campiña, la luna, el sol, las estrellas. Aquellas lejanas montañas azules... le esperan.

 

Blanco Celestial

28/04/2005

Todos los colores están en el blanco.


Quentin siempre estuvo al margen nunca encajó.
Todo estaba impregnado por una luz mareante, por una luz blanca.
Especialmente cuando recibía hostias en su escuela Católica.
Instantes muy especiales, el sonido del entorno desaparecía para dar paso a un silbido pasajero de orejas. Pabellón enrojecido. En ese momento se sentía como un estúpido, aunque él sabia, en un rinconcito de su corazón, que no era así.

Las hostias que se pegaba bajando las empinadas cuestas de su pueblo, con la bicicleta prestada y sin frenos también estaban bañadas en color blanco. Al fin y al cabo nadie le había avisado que una bicicleta tenia que poseer un sistema de frenado.
Él, Quentin Quijano, sólo advertía la expresión de velocidad en aquellos chicos mayores, bajando a todo pedal y con cara de felicidad fugaz.

Quizás fue el recuerdo antaño de aquellas expresiones de felicidad pasajera, que años más tarde vería reflejado y plasmado en los caretos del piloto y copiloto del primer descapotable -Cabriolé era de uso exclusivo de los Snobs- que se paseaba por su pueblo. Los de la pandilla lo llamaban el descapullable, sin poder disimular su deseo secreto de poseerlo.
Ni que decir tiene que aquel sucedáneo de coche fue rápidamente catalogado, por los “sabios” del barrio, de un lujo, caro y sin espacio.

Si, aquellos recuerdos y la sensación de no haber llegado al punto álgido, a su cuota de felicidad asignada, y tan deseada, lo obligaban a seguir buscando.

Quentin descubrió que unos de los peldaños insalvables para seguir sobreviviendo, necesariamente tenía que pasar por una fase de egoísmo supremo: BMW Z3, biplaza, Blanco, celestial, sin espacio, absolutamente innecesario, un placer absoluto.
La campiña, la luna, el sol. Aquellas lejanas montañas azules, donde al final de una tarde lluviosa se posa el arco Iris... le están esperando.

 

Ora et Labora
4/5/2005 1 vers.


Desgraciadamente tuvieron que transcurrir muchos anos.
Su juventud la pasó simplemente trabajando, aportando todo su tiempo, toda su energía en hacer su trabajo bien hecho. ¡Todo por la empresa! El sentimiento de la obligación, y algo más, bien cumplida lo llenaban de orgullo.

Los pocos amigos que tenía simplemente iban desapareciendo de su vida, sin dejar rastro.
-Eres un reservado, no te haces con nadie- le dijo descaradamente Marcelino el municipal.

Eran las frases que con tono recriminatorio escuchaba antes de despedirse de sus amigos que para aquel entonces habían dejado de serlo.

El trabajo lo había absorbido completamente.

Su mujer y su hijo estaban mirando una película de esas, americanas, en las que sólo se escuchan los disparos y los diálogos quedan en segundo plano, simplemente no existen o si existen, con toda seguridad hay que pertenecer a una casta privilegiada para poder entenderlos. No quería saber nada de aquellas bestias “born to kill”.

Él seguía saboreando su cena, un simple “Pà amb oli”. Últimamente tenía el colesterol muy alto.No hacía deporte. Tampoco era infiel; lo que en un momento dado podría haber suplido al deporte. Era educado con los vecinos, que lo tenían catalogado como un personaje extraño. Tampoco le importaba. En absoluto.

Salió de casa dispuesto a dar un paseo. No sin antes coger las llaves de su centro de trabajo. Como jefe tenía algunos privilegios, como hacer más horas de la cuenta o poseer las dichosas llaves. Si seguramente era un vicio, pero él, Quentin Quijano era imprescindible.

Se sentía algo intranquilo y un leve tic en la mano izquierda delataba su estado de ansiedad
Decidió pararse en el bar de la calle Cabana. Lleno de obreros, eufóricos. Aquella atmósfera lo tranquilizaba. Se tomó un reventado de Amazonas y salió sin haber hablado con nadie.
Ya en el centro puso el canal de música clásica. Un fuerte olor a desinfectante y éter dominaban la estancia.
El bisturí bajaba con destreza por la piel del fiambre, su mano zurda seguía su curso de forma metódica.
Lástima que Marcelino no hubiese sido en vida más atento con Quentin.
El trabajo es un placer, casi un vicio.

Yo soy mís infiernos
20/05/2005
El día había transcurrido marcado por una normalidad absoluta. Nada que resaltar, nada que contar. Ni siquiera unas breves notas al margen de su estúpida y rutinaria vida. Aunque pensándolo bien, su aportación a este mundo se podría describir como una cascada de acontecimientos faltos de valor y sabor, sin solución de continuidad. Llegada la hora de la cena, la mayoría de las veces, en un barucho a mitad de camino entre el trabajo y su casa. Sus dos pilares que justificaban la existencia de Quentin Quijano: ir al instituto anatómico forense y volver a casa.

El día solía concluir tras el regreso a casa con el besito de buenas noches y una serie de
marcados movimientos mecánicos, más obligación que devoción. Esos momentos de extenuación solía compararlos con la realización de una declaración de hacienda, un coñazo y por lo general un callejón sin salida.

Exceptuando el tic de la mano izquierda, que aquél día, nublado y falto de color, delataba que algo diferente iba a ocurrir. Esclavo de sus manías y de sus caprichos para con los demás.
Hastiado hasta la saciedad de la repetición sin fin, del -buenos días, del -buenas noches y de todo lo que solía ocurrir entre saludo y saludo. Aquel tic no era más que la punta del iceberg. Él, siempre con su sonrisa en la cara y con los zapatos brillantes. Quentin estaba convencido de que cuando uno estaba desahuciado o le van las cosas mal, precisamente eran esos detalles los que se debían cuidar en extremo.

-¿Cómo dice el Sr. Director?
-Si claro, el interés general y por supuesto mío es que aumentemos la productividad y bajemos los costes. -
-Sí, desde luego que podemos prescindir del ayudante. En realidad no era tan bueno. Simplemente realizaba su trabajo.
-...Bien, vendré los sábados.
Era lo único que esperaba oír de él , pensó.
Quentin no había claudicado ante su jefe. Simplemente había pospuesto su respuesta que ya empezaba a saborear para sus adentros, para sus infiernos.


La conversación había concluido de forma espontánea y sin previo aviso. El muy cabrón disponía del tiempo de los demás a placer. Con su sonrisa de porcelana y traje-chaqueta del corte Inglés lo despachó.
-Si no fuera por los plazos del piso y la enciclopedia Británica..., además su mujer estaba en paro aunque no paraba de echar mano a la visa.


Salió del despacho aprovechando para echar una sonrisa canina a la secretaria. Sacó un pañuelo para secarse las babas al mismo tiempo que observaba con depravación las carnes prietas de Pepita. La muy zorra, era consciente de sus armas que ponía a disposición del mejor postor. No sin antes regalarle una generosa porción visual de su cuerpo que no paraba de destilar feromonas. La muy golosa... No, no caería en su(s) trampa(s). Aunque aquella exhibición había acentuado su tic nervioso de la mano izquierda.
Llegado a ese punto no era dueño de sus actos y necesitaba un esfuerzo sobrenatural para poder salir de la situación sin percances.

Decidió salir aquella noche. Se excusó con su esposa
–hay que hacer un inventario cariño, y llegaré tarde a casa. No me esperes despierta.
En realidad sólo quería evadirse, perderse por la ciudad, beber hasta perder el conocimiento.

Sin embargo tenía la necesidad de pasar por el instituto anatómico, contemplar los distintos preparados en formol, aquellas visiones lo solían tranquilizar. Trozos de muchos cuerpos que es su día vivieron y sintieron, o simplemente pasaron por este mundo sin más, totalmente inadvertidos. Hasta que la muerte los reunió en aquellos frascos . Observar el cuerpo de una persona en delgadísimas lonchas y al trasluz.
El típico olor a éter inundó sus pituitarias. Escuchó ruidos, había alguien. Se dirigió hasta el fondo del pasillo, tras las cortinas pudo observar como dos cuerpos desnudos se revolcaban y gemían en la mesa de disección. Eran “el sonrisas de porcelana” y “la secretaria generosa”
Nadie se había percatado de su presencia, solamente se oían unos resuellos interminables, un placer robado que no les pertenecía...

En ese preciso instante decidió que aquella sería su última noche de trabajo y ultimaría la colección de preparados en formol que tanta ilusión le hacia al director. Naturalmente haciendo hincapié en los órganos genitales
Mientras los salpicones de sangre iban manchando su pulcra bata y su canal de música clásica preferida deleitaba las duras horas de trabajo, que naturalmente Quentin no pensaba cobrar.
-bajar los gastos y aumentar los beneficios, el director estaría orgulloso.
Horas extra que hacía con sumo placer y sin cobrar...Grecia le estaba esperando.

 

Perpetuum mobile

31/05/05

El tiempo, que todo lo suele borrar y que incluso todo lo puede curar. Haciendo gala de un refinado manto color sepia...

Fugaces instantes de felicidad brillan en la existencia de Quentin.

Dónde la felicidad transcurre al ritmo marcado por una hormiga recorriendo un hipotético globo terráqueo de diamante e intentando hacer un sendero, resultado de las veces necesarias que tiene que pasar por ese mismo camino para desgastar el diamante terráqueo.

Mientras se va desgastando ese sendero Quentin es feliz.

opcional

Instantes que gravaron su mirada límpida y en el océano de su alma atesora sus preciados, pequeños y eternos momentos, quizás soñados, quizás vividos, quizás de eternidad .

 

El trabajo de su vida
12/06/2005


Era una oportunidad única, y, Quentin sabía que si la dejaba pasar, la plaza sería ocupada por otra persona, sin lugar a dudas. No se podía permitir el lujo de titubear, candidatos había suficientes. Jefe de departamento de una gran compañía internacional. No dejaba de ser un sueño, casi una utopía, pero a su alcance, había esperado toda su vida, se había preparado desde que estaba en el colegio y no sabía escribir su nombre.


El Sr. Madrigales dio la entrevista por concluida y al despedirse con el consabido apretón de manos, que por cierto Quentin notó húmedas y escurridizas. Seguramente tenia una conciencia lavada con jabón lagarto, pensó. En ese instante del apretón una descarga eléctrica de baja intensidad recorrió su cuerpo.

Su interlocutor se había mostrado amable, pero de una forma un tanto teatral. Parco en palabras. Analizando en todo momento las reacciones de Quentin a su bien estudiado y exhaustivo interrogatorio. “La tranquilidad del manager”, de saberse respaldado por una gran empresa y la protección psicológica de una amplia, pulcra y ordenada mesa de despacho.



-“Precisamente ésa casta de personajillos que no saben ver más allá de sus pringosas gafas bifocales y que tienen la plaza asegurada en los libros de contabilidad en donde siempre cuadran las cuentas desde antes de nacer. Gracias a un padre previsor y contable. Si, tuvo que hacer un esfuerzo para no perder el control sobre si mismo. Precisamente ellos eran los que exigían, ellos que no habían tenido que demostrar nada.”


El proceso de selección había sido de lo más riguroso. Excepto un pequeño detalle que en un principio no le dio más importancia pero que pensándolo luego con más detenimiento, si que lo supo valorar.

En una de las estanterías repletas de archivadores”AZ” y libros de dirección de empresa, había algo disimulado en un rincón, un libro, que no cuadraba ni en la simetría ni en la óptica.
Era un libro de C.Bukowski, titulado la máquina de follar y otros relatos.
Aquel detalle hizo automáticamente al señor Madrigales más humano, más sensible.


Pasadas varias semanas por fin le llegó la carta de la empresa con la sensacional noticia Sr. Quentin se debe incorporar el próximo lunes como responsable de departamento.

Estaba orgulloso de sí mismo, feliz, había conseguido el puesto sin la ayuda de nadie, sin enchufes.
Todos sus esfuerzos y sus tardes en soledad serían recompensados, El futuro le había hecho un guiño y él lo había entendido.

No podía esperar, después del desayuno se dirigió a la imprenta “Aurora boreal”, del pueblo a solicitar sus nuevas tarjetas de presentación.
“Quentin Quijano
Representante de Lencería y ropa privada”

Su futuro se empezaba a definir, estaría envuelto entre sostenes Chantillí, medias Mary Claire o bragas Belcor. Especialmente tendría que trabajar con la población femenina. Cosa que por otro lado estaba deseando. Èl con su corbata fina y su coche azul brillante estaba seguro que ellas se abrirían como el Mar Rojo ante Moisés.

To be continued
By Quentin

El trabajo de su vida (versión del texto anterior)
12/06/2005
2° versión


Era una oportunidad única, y, Quentin sabía que si la dejaba pasar, la plaza sería ocupada por otra persona, sin lugar a dudas. No se podía permitir el lujo de titubear, candidatos había suficientes. Jefe de departamento de una gran compañía internacional. No dejaba de ser un sueño, casi una utopía, pero a su alcance Había esperado toda su vida, se había preparado desde que estaba en el colegio y no sabía escribir su nombre.


El Sr. Madrigales dio la entrevista por concluida y al despedirse con el consabido apretón de manos, que por cierto Quentin notó húmedas y escurridizas. Seguramente tenia una conciencia lavada con jabón lagarto, pensó. En ese instante del apretón una descarga eléctrica de baja intensidad recorrió su cuerpo.

Su interlocutor se había mostrado amable, pero de una forma un tanto teatral. Parco en palabras. Analizando en todo momento las reacciones de Quentin a su bien estudiado y exhaustivo interrogatorio. “La tranquilidad del manager”, de saberse respaldado por una gran empresa y la protección psicológica de una amplia, pulcra y ordenada mesa de despacho.



-“Precisamente ésa casta de personajillos que no saben ver más allá de sus pringosas gafas bifocales y que tienen la plaza asegurada en los libros de contabilidad en donde siempre cuadran las cuentas desde antes de nacer. Gracias a un padre previsor y contable. Si, tuvo que hacer un esfuerzo para no perder el control sobre si mismo. Precisamente ellos eran los que exigían, ellos que no habían tenido que demostrar nada.”


El proceso de selección había sido de lo más riguroso. Excepto un pequeño detalle que en un principio no le dio más importancia pero que pensándolo luego con más detenimiento, si que lo supo valorar.

En una de las estanterías repletas de archivadores”AZ” y libros de dirección de empresa, había algo disimulado en un rincón, un libro, que no cuadraba ni en la simetría ni en la óptica.
Era un libro de C.Bukowski, titulado la máquina de follar y otros relatos.
Aquel detalle hizo automáticamente al señor Madrigales más humano, más sensible.


Pasadas varias semanas por fin le llegó la carta de la empresa con la sensacional noticia Sr. Quentin se debe incorporar el próximo lunes como responsable de departamento.

Estaba orgulloso de sí mismo, feliz, había conseguido el puesto sin la ayuda de nadie, sin enchufes.
Todos sus esfuerzos y sus tardes en soledad serían recompensados, El futuro le había hecho un guiño y él lo había entendido.

Su futuro se empezaba a definir, estaría envuelto entre sostenes Chantillí, medias Mary Claire o bragas Belcor. Especialmente tendría que trabajar con la población femenina. Èl con su corbata fina y su coche azul brillante estaba seguro que ellas se abrirían como el Mar Rojo ante Moisés.

No podía esperar, después del desayuno se dirigió a la imprenta “Aurora boreal”, del pueblo a solicitar sus nuevas tarjetas de presentación.

“Quentin Quijano
Representante.
Lencería y ropa privada”

To be continued
By Quentin

Continuación I
21/06/2005

Es una simple historia, quizás de amor, o egoísmo pero no por ello deja de tener su pizca de ternura y su punto egocéntrico que al fin y al cabo es el amor. Todo lo que importa es que no importa nada.

Quentin conoció a Hortensia sin apenas darse cuenta. Es decir su presencia pasó desapercibida, a excepción de sus contorneadas piernas, es el único recuerdo que tiene de aquel primer encuentro, lejano en el tiempo. Sólo vio una “terrible” minifalda de color rosa y conforme fue bajando la vista dos fuertes columnas, moldeadas y diseñadas por uno de los mejores creadores de prototipos femeninos, en este caso un hipotético Dios, eran la base de un portentoso y no tan hipotético cuerpo.


Fue un encuentro motivado por exigencias laborales. Naturalmente, y Quentin lo sabe, jamás habría conocido a una chica como aquella en otras circunstancias. Es más la hubiera rehuido o apartado de su camino. Con toda seguridad atemorizado por sus aquellas piernas dignas de una portada de revista de divulgación cultural, por ejemplo “el Play-Boy”.

Tenía clase, sabía moverse y lo que más le llamaba la atención era la forma de juntar los dedos a la hora de dar la propina al camarero en el restorán. Sabía estar en este mundo y cual era su misión.

Por otro lado, Quentin era un tipo totalmente opuesto en la forma y en las formas.
Es sabido que polos opuestos se atraen. Quizás fue este el ingrediente que hizo cuajar la relación que no se hubiera dado en ningún otro lugar ni circunstancia.
A ella le gustaba ser vista, incluso dar la nota, ser el centro de atención en determinados momentos. Hortensia sabía cuidar los contactos y tenía una antena fina para conseguir entrar en círculos de influencia.
Él, un personaje introspectivo, escurridizo, quasi oscuro que odia a la gente y su falsa amabilidad. Los falsos vecinos, los falsos compañeros, los domingueros con sus bermudas, haciendo gala de piernecillas enclenques y buche “Prêt-à-Porter” con sus polos de cuello ribeteado, en fin toda la barbarie y mal gusto que comporta el ser humano.

Naturalmente su trabajo como representante de ropa privada le obligaba a ponerse una máscara, a realizar su papel en la obra de teatro. Y, se convertía, como por arte de contrato en una persona simpática, abierta y afable. Era la doble personalidad de Quentin, la única que los demás conocían, y la única a la que él daba acceso.


Él, con su corbata fina y su coche azul brillante. A la caída de la noche bajando por la calle Primo de Rivera con Hortensia, saboreando aquellos instantes de eternidad que nadie le podía robar.

Una caricia, un beso. Lentamente, sin prisa. El torso desnudo y apoderándose de sus protuberancias. Donde la necesidad se convertía en el momento cumbre de su existencia.

Continuación II

Tormentos

29/06/2005


Hortensia detestaba el trabajo de Quentin. Que por aquel entonces ya había conseguido una importante cartera de clientas, ansiosas de nuevos modelitos y con los únicos temas de conversación girando alrededor de las prendas intimas y sus efectos.


Ella que ya se había percatado de la doble personalidad y que en más de una ocasión lo había visto bajar por la avenida iluminada en compañía de otras mujeres le propuso abandonar el trabajo.
-! O lo dejas o te dejo Yo!
Fue lo que ella le dijo.
Él objetaba que eran contactos de futuros clientes, dueñas de mercería o tiendas de ropa.
Quentin no quería perder a Hortensia pero tampoco consentía perder aquel bello trabajo, y sus conversaciones íntimas, confesiones y deseos no satisfechos.

Ellas, las dueñas de mercerías y tiendas de ropa, esperaban ansiosas la llegada del representante. Con toda seguridad necesitaban suplir más de una necesidad. Evidenciaban una necesidad patológica de verdadero contacto humano, de ser poseídas. La hora del cierre era la preferida y allí mismo en la trastienda y con persiana medio bajada acometía Quentin acometía sus obligaciones mercantiles, rodeado de cartones y cajitas con inscripciones tales como Belcor o Mary Claire.

Desgraciadamente y por amor Quentin tuvo que abandonar el trabajo. Causa principal de la tensión entre Hortensia y él.
Sí, había renunciado al trabajo pero chapotear en la lluvia, comer pan con chocolate, no dejar de ser un niño. Son cosas a las que Quentin a sus 33 anos no pensaba renunciar.

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Con veinte soñadores por banda, no corta el mar sino vuela, un velero bergantín, bajel pirata al que llaman, por su bravura, El Temido... si quieres más busca a Espronceda, baby Los Relatos de LA TRIPULACIÓN

 

Espero que el lector avisado haya disfrutado con la fina ironía del segundo relato que aquí se le ofrece.